En Madagascar una tarde hace ya tiempo

En Madagascar una tarde hace ya tiempo
no, no soy yo

miércoles, 18 de mayo de 2011

Noches de Soroche en el Titicaca




  Yo, que soy fuerte y que me burlo del “jet lag”, que subi hasta la cima del Kilimanjaro sin dolor de cabeza ni dolor de pie (a Martina Navratilova, a la mismisima Navratilova, tuvieron que bajarla de emergencia http://abcnews.go.com/Health/martina-navratilova-hospitalized-kilimanjaro-attempt/story?id=12366329), que casi nunca tengo frio, que me jacto de haber tomado leche de yegua fermentada en la carpa de una amable familia Mongola en las afueras de Ulan Bator, que estoy alerta y ojiabierto aun cuando duermo una sola hora.  Yo, el viajero todo terreno que –con toda la soberbia- nunca lleva medicinas en su maleta (un solo Imodium en caso de extrema urgencia), que con arrogancia le dije a Vanessa “no, a mi no me hace falta tomar te de coca”.  Yo, que me burle de los consejos de los limenos: “come poquito, camina lentito y duerme solito”, yo, el viajero invencible, fui humillado por el mal de altura a orillas del Titicaca.
    Aterrizamos muy temprano el viernes en el aeropuerto de la ciudad de Juliaca (la “Venecia” del altiplano) el comienzo de un fin de semana largo en el sur de Peru en la frontera con Bolivia alli donde se reparten el Titicaca.  Nos bajamos del avion contentos a 3.800 metros de altura, sonrientes, ignorantes del poco oxigeno que transportaba nuestra hemoglobina de costenos. 

Altura y coordenadas en el aeropuerto
  Recogimos nuestras maletas y partimos rumbo a Puno a una hora del aeropuerto.  “Keiko o Humala senor?” le preguntaba yo al taxista en mi campana de proselitismo politico a favor de la “China”.  “Keiko senor”, me decia mientras se ponia una gorra naranjada con el nombre de la candidata escrito en letras grandes.  “Keiko senor, pero aqui en la region de Puno gana Humala” nos advertia con algo de preocupacion.   Durante casi una hora hablamos de Chavez y del elenco de cocos de la izquierda de nuestro querido continente, conversamos entretenidos con el chofer sin sospechar que el soroche (mejor conocido como mal de altura) nos preparaba una emboscada.  Llegamos al hotel y luego de una siesta partimos a explorar el centro de Puno (nuestros flojos globulos rojos, sin sospecharlo nosotros, perezosos llevando y trayendo migajas de oxigeno).  Como no habia taxi tomamos una camioneta publica algo oxidada (si, se notaba que no eramos oriundos de Puno) y nos quedamos donde comenzaba una larga feria callejera de comida y mirinaquis. 
Puno by day
 “Si me desmayo no te asustes, solo atajame y ponme alcohol en la nariz” me dice Vanessa, asi de repente, al poco rato de comenzar nuestro paseo.  Yo, que estaba disfrutando el espectaculo de fritanga y curiosidades, apure el paso para encontrar un restaurante (preferiblemente con suelo alfombrado) donde poder comer algo.  No, Vanessa no se sentia bien; nos sentamos en un  comedor no tan glamoroso y pedimos una pizza mientras yo repasaba mentalmente todo lo que aprendi en los cursos de resucitacion y primeros auxilios que me dieron hace 26 anos en el colegio en Caracas.   Terminada la pizza, y aun sin desmayarse, tomamos un taxi de vuelta al hotel no sin antes comprar unas pastillas contra el soroche de color muy amarillo y tamano descomunal.   
    “Keiko o Humala senor?” en mi campana de conversion de taxistas.  Siete soles mas tarde llegamos al hotel a descansar.  Cenamos ligero y a dormir.   Media hora despues me levante con sed y todo el dolor de cabeza del mundo, "debe ser solo sed, a mi no me da mal de altura" me dije mientras me tomaba una botella de agua.  Al rato mas dolor de cabeza, algo asi como si tuviera atrapado un pajaro carpintero detras del ojo.  No tardaron en manifestarse los demas sintomas, la noche entera vomitando con insomnio y mareo, durmiendo solo a ratos, sonando con que me obligaban a jugar de delantero contra la seleccion de futbol de Bolivia a 4.000 metros de altura en la Paz.  Siete largas horas mas tarde, entre suenos y pesadillas, me levante, me duche y baje a la recepcion a pedir que me dieran alguna pastilla o llamaran a un chaman.  “Quiere que le demos oxigeno senor?” y al rato yo sentado en el lobby sonriente (de lo mas cool y seductor) abrazado a la bombona.   En menos de 24 horas nuestro paseo, nuestra aventura de jovenes energeticos se habia convertido en una excursion de la tercera edad.   
Hotel en Puno

 



Recorrido que hicimos en el lago





  Esa manana tomamos un pequeno barco en el muelle del hotel para ir al otro lado del lago, a la pequena Isla de Suasi donde pasamos las siguientes dos noches.  En el camino nos paramos primero en Uros, una comunidad de unas 2.000 personas que viven desde tiempos inmemoriales en islas hechas por ellos mismos a base de totora, una especie de junco que crece en el lago.  Los Uros fueron empujados a sus islas vegetales por los otros habitantes del altiplano hace cientos de anos.  Parias del lago, siguen viviendo desde entonces en grupos de varias familias en islotes interconectados que  dependen del turismo y de la artesania.  Tropas de turistas, nosotros eramos siete, se bajan en las islas para aprender como las construyen, para que les muestren como cazan pajaros, crian truchas; para ver sus pequenas casas y para escuchar -con algo de pena- como cantan en ingles y frances con acento aymara (Sur le pont de Avignon y Twinkle twinkle little star).  Al pie de la choza que visitamos habia amarrado un cormoran de ojos azules “la sangre cura la epilepsia” nos dijo el senor Uro y al lado un flamingo blanqueado “la sangre de flamingo cura los dolores de parto”.  Justo al lado un pequeno lorito desalinado “ese no cura nada, ese me lo compre en un viaje a Arequipa” (y yo preguntandome cual sangre cura el soroche).  Luego de un corto viaje en barco de totora, las mujeres de la isla remaban mientras los hombres nos decian adios, nos montamos en nuestro bote y seguimos rumbo a la isla de Taquile.    









El loro no medicinal


Taquile es una verdadera isla, de las mas grandes del lago, ha estado habitada desde hace aproximadamente diez mil anos primero por Pukaras, luego por Tihuanacos y finalmente por los Incas.  Pedro Gonzalez de Taquile compro la isla en 1580 y no fue hasta 1937 que los locales la recuperaron.  Hoy en dia viven en la isla alrededor de 1500 habitantes en seis comunidades que viven de la agricultura (la isla esta llena de antiguas terrazas donde siguen sembrando cebada, maiz, papa, quinoa y trigo).  Nos esperaban en la orilla un grupo de mujeres tejiendo y tres hombres que nos mostraron sus costumbres y vestimentas.  Un pequeno baile (no muy agitado porque aun estaba recuperandome del soroche) y de vuelta al barco. 
 Adivinen quienes en la foto tienen mal de altura


El Titicaca es el lago navegable mas alto del mundo y con 8300 kilometros cuadrados el mas grande de America del Sur (el de Maracaibo en Venezuela es en realidad un estuario).  El agua del lago, calmada y fria, calmadisima, es de un azul hipnotizante.  En nuestro viaje lo recorrimos de norte a sur muy cerca de la frontera con Bolivia donde, si el dia no esta nublado, se ve una hermosa cordillera de nevados (Bolivia tiene 40% de la extension del lago.  Se dice que fue en la Isla del Sol del lado boliviano donde nacio la civilazacion Inca). Hay muchos pajaros; patos negros y de colores, gaviotas blancas, cormoranes y un pajaro endemico que se llama el zambullidor porque nada bajo el agua en vez de volar cuando quiere escaparse.    Luego de cuatro horas y media de viaje finalmente llegamos a nuestro hotel en Suasi, una pequenita isla deshabitada cerca del pueblo de Cambria.  Suasi pertenece a la senora Marta Giraldo quien la heredo de su familia.  Nos cuentan que fue su abuela (o tal vez su bisabuela) quien la compro (o tal vez invadio) a finales del siglo XIX.  Marta, quien se ha dedicado desde hace muchos anos a estudiar el ecosistema y las culturas de la zona, vive en una pequena casa, muy modesta, al costado del hotel.  

Foto muy artistica del reflejo de un arbol



La terraza de nuestra habitacion



El Hotel Isla de Suasi tiene solo 23 habitaciones y esta disenado con la idea de que tenga bajo impacto ambiental, esta construido con materiales locales respetando el caracter de la isla y toda la energia que utiliza es solar.  Con nosotros habia solo otros dos grupos.  Tres franceses de Marsella amables y despeinados (a quienes bautizamos la familia L’Oreal) y dos inglesas, mama e hija, que habian dejado al papa en Miami mientras ellas exploraban Peru.  Suasi es un destino de contemplacion, las actividades son caminar por la isla, ver las estrellas, pasear en kayak y sentarse en la terraza de flores a leer y ver los infinitos pajaros (sobre todo los colibries, hay seis especies en la isla que se dan un banquete de nectar todas las mananas).  En Suasi no hay que estar en ningun lugar a ninguna hora, no hay apuro, no se puede llegar tarde a nada, no hay enchufe en las habitaciones ni tampoco secador de pelo.  La comida es maravillosa y sencilla, quinoa y kiwicha en todas sus variaciones, vegetales frescos y la mejor trucha.  En la isla el censo es sencillo: hay 12 alpacas y 8 vicunas salvajes, muchas vizcachas y uno o dos zorrillos.  Hay un solo sendero que va del hotel a la cima mas alta desde donde se ve el atardecer.  Arriba, en la cima, hay decenas de monticulos de piedras que la gente hace, me dicen, para pedir deseos.  Subimos una tarde y nos quedamos viendo las nubes, el sol y el agua, los tres enredandose con el horizonte.  La familia L’Oreal y las dos inglesas se van al dia siguiente asi que nos quedamos solos en la isla con Josue, un encantador mesonero que amablemente nos lleva oxigeno al cuarto en la tarde y antes de dormir.  Salimos a navegar en kayak, yo atletico y musculoso remando a grandes velocidades, el agua calmada y el clima perfecto. 







        Llega el momento de volver, en el barco que nos busca llegan tres suizos, Josue sale a atenderlos y nosotros, descansados con ganas de quedarnos mas tiempo, nos despedimos de la isla.  El viaje de vuelta es mas corto, dos horas y media, estamos en Puno a las 4.00 de la tarde sentados en el lobby de nuestro primer hotel recordandonos de Suasi y sus sopas. El avion sale en unas horas.  Mientras tanto voy al pueblo a comprar unas pastillas para el dolor de cabeza y chocolate, de vuelta le pregunto al taxista “Keiko o Humala?”  y me dice Humala.  Le cuento historias de terror de Venezuela, que no hay agua ni luz, que el crimen es incontrolable, que el que tenga un dolar va preso, que si gana Humala seguro le quitan el taxi.  Le digo que Humala es como el soroche.  Ahora que lo pienso bien no creo que el senor entendio mi metafora.

Vanessa, Cadaques y Barcelona

Algunos viajes comienzan mejor que otros.  Este ultimo, por ejemplo, comenzo hace unos meses con un  correo electronico de esos que rastrean promociones de viaje.  El correo leia: "vuelos a Barcelona de NY ida y vuelta por US$ 137".  La primera reaccion es pensar que se trata de un vuelo en Biman (la linea de Bangladesh) via Dacca que sale una vez a la semana.  No, era una promocion de Delta.  La segunda reaccion es pensar que luego de sumar los impuestos, el sobrecargo por combustible, la tasa de aeropuertos, y la contribucion a la Iglesia de la Sagrada Familia, el pasaje costaria US$ 1500.  Pero no, segui el enlace del correo y luego de escoger fechas descubri, para mi sorpresa, que con todos los impuestos y afines la tarifa era de US$ 210 por persona.   Sin ni siquiera llamar a Vanessa,  sin ni siquiera parpadear, compre los dos tickets y marque el calendario: Barcelona y la Costa Brava del 7 al 13 de abril.
    Luego de un viaje costosisisisisisimo en taxi al aeropuerto (US$60), llegamos emocionados al feo terminal de Delta en JFK.  Nos apertrechamos de vituallas (notese el lexico castizo) y nos pusimos a esperar la salida de nuestro vuelo (resistiendo, eso si, la tentacion de preguntarle a todos los que estaban en la cola cuanto les habia costado su pasaje a Espana). Siete horas y varias peliculas despues (Vanessa fascinada con la operabilidad del control remoto) aterrizamos en Barcelona.  El clima perfecto, perfecto por toda la semana, un verano anticipado y secreto sin la muchedumbre de julio y agosto.  En el mismo aeropuerto alquilamos un carro, un mini rojo glamoroso, y nos aventuramos al norte a explorar la Costa Brava y Ampurda (con acento en la ultima "a" que no encuentro como marcar con este teclado).




   

El plan era no-plan, llegar a un pequeno hotel simpaticamente llamado la Malcontenta que nos recomendaron unos amigos de Vanessa http://www.lamalcontentahotel.com/.  El hotel es pequeno, maravilloso, de escaleras de madera y dibujos de buen gusto en las paredes, de cuartos amplios y balcones asoleados, el bano con toallas que se creen sabanas y una ducha torrencial de esas que uno no quiere apagar.  La Biencontenta, que asi deberia llamarse el hotel, tiene muchos (muchos) pajaros de los que se pasean cantando sin verguenza, abejas amigables,  dos o tres lagartijas timidas y desayunos generosos de croissants, yogurts, frutas y toda la gran familia de los embutidos.  Como solo nosotros sabiamos que era verano habia muy poca gente en el hotel.  La primera noche nadie, la segunda noche algo mas de huespedes; una pareja furtiva de una peruana con un peninsular adinerado e infiel que llego en un Bentley mucho menos cool que nuestro Mini; una familia de ingleses con poca melanina que desayunaban con un perro en las piernas, un perro poco agraciado que comia mas embutidos que nosotros; y dos novios embelesados que no salieron del hotel y que jamas se soltaron las manos.  La Malcontenta queda muy cerca de la playa de Castell, una pequena bahia (una cala para biennombrarla) que esta rodeada de pinos y acantilados.  Cinco minutos en bicicleta y estabamos en la arena, el agua muy fria, sol, brisa y muy poca gente.  Esa tarde algo mas de bicicleta por las calles de Palamos, el pueblo mas cercano al sur, y por la noche una cena deliciosa en la Galera, el restaurante del senor Fermin simpatizante del Partido Popular que nos conto de sus tias abuelas que emigraron a Cuba y Venezuela.  
Edu, Ana y Vanessa
Palafrugell
La Costa Brava es una cadena interminable de calas y pueblos blancos colgados de la montana con nombres algo dificil de pronunciar (si lo quieres pronunciar bien): Palafrugell, Tamariu, Begur, Portbou, Cap Creus, Port de la Selva, uno tras otro desde Barcelona hasta la frontera con Francia.  Ampurda esta salpicada de pueblos con centros medievales y sembradios.  En esta epoca del ano el campo esta alfombrado de flores amarillas y purpura, manchas de colores en un mar verde.  Hay un sendero de bicicleta muy largo y bien marcado que hila los pueblos esquivando las glorietas y el trafico.  Edu y Ana, dos amigos encantadores de Vanessa, vinieron de Barcelona para almorzar con nosotros el sabado.  "Vamos a Palafrugell" nos dijeron (pronunciandolo bien) y una media hora despues estabamos rodeados de gambas, pulpo y almejas frente al mar.  Varias botellas de vino mas tarde Edu y Ana, no recuerdo si ya les dije que son encantadores, nos llevaron de paseo por el pueblo y luego a un hotel a tomarnos unas cervezas en lo alto de un acantilado desde donde el mar se ve unos metros mas largo que el infinito.  

Al dia siguiente nos rendimos al sol y las bicicletas y decidimos extender nuestra estadia en la Costa Brava.  Tomamos el carro y nos fuimos a explorar el norte.  Cadaques es el mas pintoresco de todos los pueblos, el pueblo de Dali y sus amigos, es tambien el mas frecuentado por los turistas.  Al llegar nos paramos en el estacionamiento municipal que, como se ve en la foto de abajo, es muy exacto en el calculo de la tarifa: 0.040936 euros el minuto o fraccion.   Subimos las calles empinadas de piedra (todas llenas de gatos centinelas), nos tomamos unas fotos y de alli al borde del mar a almorzar fideua, una paella de fideos, que se deja comer bien con una botella de vino blanco de Penedes.  Los restaurantes tienen todos fotos de antano, de cuando Dali, Duchamp, Picasso, Magritte, Ray y Pla se paseaban en traje de bano por las calles de Cadaques posando para los turistas del proximo siglo.  Tratamos de visitar la casa de Dali en Portlligat pero no tuvimos suerte, estaban agotadas las entradas y tuvimos que conformarnos con verla desde afuera y pasear un rato por la linda bahia que la rodea. De alli a Cap Creus, el punto mas oriental de Espana continental, un cabo de paisaje lunar donde el viento casi se llevo a Vanessa.   Era tarde, decidimos volver a la Malcontenta  bordeando la costa con mi copilota profundamente dormida. 

Cadaques
Tarifa del Estacionamiento POR MINUTO!!!!


Vanessa a punto de despegar en Cap Creus


 La ultima manana, engullidos los embutidos, salimos a hacer "senderismo", que asi le dicen en Espana y que nosotros -agringados- llamamos hiking.  Muy cerca del hotel, en la mismisima bahia de Castell, comenzamos a caminar con un par de botellas de agua y un chocolate en la mochila.  Por algo mas de dos horas fuimos bordeando las calas, subiendo y bajando la montana, descubriendo pequenas playas con nudistas autistas, tomandonos fotos y viendo casas que nos encantaria alquilar y llenar de amigos. 



Si, me moje los zapatos sin querer


   De vuelta decidimos parar a almorzar en Girona.  Nuestro analfabetismo catalan, nos fue imposible entender las senales de transito, hizo que nos metieramos con el carro ilegalmente en la ciudad vieja de callecitas estrechas. Un buen gerundense (entiendo que tambien puede decirse girones o gerundi) nos vio extraviados y nos mostro un lugar donde podiamos parar el carro (aun sin el permiso).  No mostro tambien un restaurante italiano donde Pierre, un chef venezolano, nos preparo un magnifico risotto y ajoporros a la parrilla.  Girona es bellisima, ruinas romanicas y escaleras, un centro historico impecable, calles estrechas y muchas heladerias.  Subimos y bajamos, nos montamos en un trencito de esos que pasean a los turistas mas flojos, nos asomamos al rio, curioseamos en las calles de la antigua juderia (de las mas grandes de Espana).  Nos quedamos con ganas de volver, sobre todo de probar el Celler de Can Roca, un restaurante con tres estrellas Michelin no lejos de la ciudad (http://www.cellercanroca.com/PORTADA/intro.htm) al que iremos pronto.

Girona

Finalmente Barcelona,  devolvemos nuestro mini y a cenar con Edu y Ana y Edu y Teresa, dos amigos de Edu y Ana, en un restaurante de comida catalana. "Que cada uno pida algo y compartimos" nos dicen los anfitriones.  Reviso el menu y pido emocionado jabali para compartir, Vanessa, Ana y todos los Edus me miran con algo de extraneza.   Llegan todos los platos, espero pacientemente, y nada de mi jabali.  Sospecho de una conspiracion con el mesonero.  Me resigno, no pregunto por mi plato y me dedico a comer lo que pidieron los demas.  De alli a tomar algo en un bar no muy lejos.  En Espana, cuando se trata de un trago, me recuerda Vanessa, no importa la hora y menos aun si es un dia de semana.
 A la manana siguiente nos encontramos con ellos de nuevo para visitar la Iglesia de la Sagrada Familia.  El tio de Edu, hasta hace poco obispo auxiliar de Cataluna, hizo los arreglos para que el hijo de Lluis Bonet el sucesor de Gaudi (tambien hermano de Jordi Bonet actual arquitecto de la obra), nos hiciera una visita guiada.  Nos encontramos todos esa manana en la puerta de la iglesia, llego el senor Bonet, saco una llave inmensa de metal de esas de antano y nos abrio el porton principal ante la mirada atonita de los turistas que con paciencia zen esperaban en la interminable cola.  Tuvimos que afinar nuestro oido ya entrenado porque las explicaciones eran todas en catalan cerrado, historias interesantes de Bonet padre y Gaudi, figuras y alegorias esculpidas en la roca, detalles y fantasias, el delirio de las formas en un bosque de paredes, cupulas y vitrales.  Todos boquiabiertos siguiendo escaleras arriba al senor Bonet que conoce cada rincon y que tiene las pantorrillas de hierro.  La iglesia construyendose desde 1882 y todavia a medio a acabar, la creacion suspendida, Bonet padre, Bonet hijo (y quien sabe si Bonet nieto) poco atentos a la fecha de inauguracion, mas interesados en los reyes magos de aquel friso que nos miran de reojo o aquella tortuga abnegada que sin chistar sostiene la inmensa columna en la entrada.  
  

El senor Bonet

De la iglesia al Can Sole en la Barceloneta (http://www.cansole.cat/) otro recinto religioso del cual si me confieso fiel devoto. Con sed y hambre nos entregamos a las sepias, chipirones y gambas,  comemos y conversamos al ritmo de buen vino blanco, sin mucho apuro, planeando un paseo con Edu y Ana en agosto a algun lugar de Suramerica, dandoles las gracias por tanta hospitalidad, tratando de adivinar la edad del amable senor Bonet.   

lunes, 7 de febrero de 2011

El "Zvuv" de la Ciudad Perdida en la Sierra Nevada de Santa Marta

Teyuna


 Mi papa, que siempre vivio en un consome de idiomas (hebreo, yiddish, espanol y rumano con el aderezo de unas cuantas lenguas mas) tenia muchas expresiones coloridas que, al menos en nuestra casa, eran parte de una lingua franca que todos entendiamos.  Cuando, por ejemplo, a uno se le metia una idea en la cabeza, una de esas ideas que revolotean sin parar y que no encuentran la salida, mi papa nos decia que se nos habia metido un "Zvuv" en la cabeza.   "Se te metio un zvuv" nos decia con su acento fuerte senalandose con el dedo en la sien, y al rato aclaraba: "Zvuv es mosca en hebreo".  Yo, todavia pequeno, me imaginaba un mosquito gigante, trompudo y zumbon dando vueltas en mi cabeza, pegandose golpes contra el craneo como las moscas esas que testarudas o cegatonas se daban contra los vidrios de nuestro apartamento.  Me preguntaba, sin poder encontrar la respuesta, como era que entraban los zvuvs, cuando y por donde.  Esta, la de la Ciudad Perdida, es la historia de un Zvuv.

    Hace anos, en 1996 o 1997,  durante una pausa en una reunion de trabajo en Colombia (una de las muchas para tomar cafe y agua aromatica) alguien comento sobre una ciudad precolombina perdida en la selva de la Sierra de Santa Marta, una ciudad que como Machu Pichu habia permanecido bajo la vegetacion por varios siglos y que apenas habia sido descubierta a comienzos de los anos setenta.  Venir yo a encontrar tamana mosca en una reunion de trabajo con Texaco en Bogota.  Aguijoneado, mi atencion totalmente cautiva, comence a interrogarlos sobre el lugar.  No sabian mucho, ninguno de ellos habia ido, ninguno de ellos tenia la intencion de ir, ninguno de ellos conocia a nadie que hubiera ido. Alguien habia leido sobre el lugar, tal vez unas fotos, habia escuchado que saqueadores de tumbas la habian descubierto en medio de la selva.  Sin darme si quiera cuenta el Zvuv habia entrado y aleteaba feliz en algun rincon de mi meninge.  Era comprensible que nadie quisiera ir, a finales de los anos 90 la Sierra Nevada de Santa Marta, como mucho otros lugares de Colombia, formaba parte de ese pais paralelo donde la guerrilla (las FARC y el ELN), los narcotraficantes y los paramilitares se paseaban a su antojo.  La Sierra Nevada era en ese entonces, y lo fue por muchos anos, una zona de produccion de marihuana y coca.   Les propuse ir a visitar Teyuna, que asi se llama la ciudad, pero no me tomaron en serio.  La idea era aun mas descabellada viniendo de un mono ojisarco como yo (rubio de ojos azules),  casi que el rehen ideal.  Hasta ese momento mi unico contacto con la Sierra Nevada habia sido muy fugaz, unos minutos una tarde de 1991 asomado por la ventana de un vuelo de Viasa (QEPD) que iba de Caracas a Cartagena.  El piloto, ilustrado el, nos comento que era la montana litoral mas alta del mundo y yo, que tenia la suerte de estar sentado del lado que era, me quede hipnotizado viendo los dos picos gemelos y nevados (el Cristobal Colon y el Bolivar, los mas altos de Colombia con 5770 metros de altura).  Al salir de la reunion en Bogota presenti que seria dificil deshacerme del Zvuv, era inevitable ir a la Ciudad Perdida.


   Fue finalmente este octubre que decidi organizar la excursion.  El ultimo incidente en la zona habia sido en el 2003 cuando un grupo de turistas, la mayoria de ellos israelies, fueron secuestrados por el ELN mientras visitaban la Ciudad Perdida.  112 dias despues fueron liberados.  Hice averiguaciones con amigos colombianos, con la poca gente que conoce el lugar, lei libros de viaje y blogs, pesquisas en you tube y noticias de periodico.  Todos parecian coincidir en que era seguro hacer el paseo.    Le escribi a unas tres agencias de viaje locales y solo una pequena ubicada en Taganga, un pueblo de pescadores no lejos de Santa Marta, me respondio.   Hable con Fanny la duena de Magic Tours, me explico sobre el viaje, me dijo que podia hacerse en cinco dias y cuatro noches, y me confirmo que habia cupo para enero. Colgue el telefono y comence a reclutar viajeros: 

Yo: "Es un viaje por la montana, de excursion durmiendo en hamaca, varios dias en la selva hasta llegar a la Ciudad Perdida"
Ellos: "Adonde?"
Yo: " A la Ciudad Perdida, una ciudad que descubrieron hace poco en Colombia.  Es como Machu Pichu"
Ellos: "Por que no vamos entonces a Machu Pichu?"
Yo: "La Ciudad Perdida es mas bonita, el camino es mejor"
Ellos:  "Es seguro?'
Yo: "Claro"
Ellos: "Estas seguro que es seguro?"
Yo: "Claro" -con mi voz mas convincente- "Yo voy a llevar mi pasaporte venezolano, por si acaso"
Ellos: "Y es canson?"
Yo: "Cualquiera puede hacerlo" (contestaba de buena fe, no sabia yo lo exigente que iba a ser el viaje desde el punto de vista fisico")
Ellos: "Hay banos?"
Yo: "No"
Ellos:  Adonde se vuela?
Yo: "A Barranquilla y de alli manejamos a Santa Marta" 
Ellos: "Y como le explico yo a mi esposa?"
Yo: "Dile que es solo por cinco dias, que va un gentio"
Ellos:"Quienes mas van?"
Yo: "Te dije que un gentio"
Ellos: "Conoces a alguien que haya ido?"
Yo: "No"

Las llamadas terminaban con un sermon mio sobre lo fugaz de la vida, sobre la importancia de compartir con amigos, distintas versiones de una filosofia profunda que finalmente resumia con "a nadie le quitan lo bailao".  Avisame, les decia a la manera de los infomercials, que solo hay cupo para 12 y se esta llenando.  Para mi sorpresa 8 personas confirmaron: mi hermano y mi cunada, mi sobrino, mi primo Jose, el esposo de mi prima Maguy, mi sobrino mayor, una amiga cercana de mi primo,  Meyer un amigo de la infancia que vive en Bogota y Phil, un amigo americano a quien no habia visto en casi 12 anos.  Sospecho que el vinculo familiar ayudo a persuadirlos.  Phil era, sin lugar a dudas, el mas valiente.  Unas semanas antes del viaje la amiga de mi primo cancelo, se doblo el tobillo persiguiendo pajaros de colores en Papua Nueva Guinea.  Eramos 8 conmigo.  

Luego de un fin de semana maravilloso con Vanessa en Cartagena (ya viene esa entrega del blog) sali rumbo a Barranquilla a recibir a mis amigos en el aeropuerto. Estaba yo impaciente esperandolos con esa emocion que se siente al comienzo de los viajes.  Salieron sonrientes y limpios con sus mochilas al hombro.  Nos saludamos con un abrazo y todos a la camioneta por una hora y media hasta Santa Marta.  Llegamos al hotel, una pequena casa colonial en el centro de la ciudad que, en un derroche de creatividad, se llama La Casa.  Lo reservamos solo para nosotros.  Esa noche tuvimos una cena maravillosa de platano con berenjena y robalo.  Teniamos que levantarnos a las cinco y media  de la manana para salir a la Ciudad Perdida.

Teyuna, que es el nombre indigena de la Ciudad Perdida, fue uno de los centros rituales  mas importantes de la civilizacion Tairona y una de las ciudades precolombinas mas grandes de America.   Al llegar los espanoles hacia finales del siglo XV a las costas del atlantico colombiano se encontraron con una cultura muy avanzada descendiente de los Chibchas que habia surgido alrededor del siglo V  DC.  Los Tairona habitaron, y sus descendientes habitan aun, la Sierra Nevada de Santa Marta, una zona de  alrededor de 17.000 kms2 (un poco mas pequeno que Israel o New Jersey) que abarca casi todos los ecosistemas, desde playa y desierto hasta paramo y cumbres nevadas pasando por bosques y selvas.  Por casi 75 anos convivieron pacificamente las dos culturas hasta que en 1599 tuvo un lugar un enfrentamiento que culmino con la captura y ejecucion  de varios caciques importantes y la derrota militar de los taironas (para ponerlo en contexto, los Aztecas y los Incas se rindieron a los espanoles en 1521 y 1532 respectivamente, casi setenta anos antes que los Tairona).  La poblacion indigena que sobrevivio se interno alto en la sierra y perdieron todo contacto con la civilizacion hasta que en 1875   la iglesia, por intermedio del padre Celedon, intento convertirlos sin mucho exito.  Los Arsarios y los Kogis, descendientes directos de los Tairona han conservado casi intacta hasta nuestros dias sus costumbres, idioma y modo de vida. Los dos grupos, que hoy no llegan a 10.000, son la unica alta civilizacion precolombina que ha sobrevivido, visitar Teyuna es como visitar Machu Pichu y encontrarse con Incas viviendo en sus alrededores!  Teyuna, que significa Madre Naturaleza, fue construida en la ribera del rio Buritaca entre el siglo XI y el siglo XIII, varios cientos de anos antes que Machu Pichu, y albergo unas 5.000 personas en su momento de mas esplendor.  Teyuna, lo que se visita de ella, es tan solo un 30 por ciento de la ciudad, el resto sigue bajo la selva.  Se calcula que hay varios cientos de poblaciones similares que aun no se han descubierto.  La mayoria de los Kogis viven en lugares remotos de la sierra que muy rara vez son visitados por personas ajenas a las comunidades.



Comienzo de la excursion

A las cinco y media nos despertamos, a las ocho nos montamos todos (con nosotros vinieron Fanny la duena de la agencia de viajes y su hermana Angelica) en un toyota destartalado y salimos rumbo a San Lorenzo, el caserio donde comienza la caminata.  Nuestro chofer, Fidel, hizo una parada  en el camino para echar gasolina.  "Es la bomba de gasolina de Chavez" nos dijo mientras alguien salia a atendernos de detras de un arbol con una gavera de botellas de refresco llenas de gasolina contrabandeada de Venezuela. Quien iba a imaginarse que nuestro paseo iba a ser patrocinado por el gobierno bolivariano, si se enterara Bolivar que murio en la quinta de San Pedro Alejandrino a unas pocas cuadras de la gasolinera furtiva.  Quien sabe, pienso que probablemente estaria complacido de ver como nos ayudamos en lo que queda de la Gran Colombia.  Almorzamos en San Lorenzo y a caminar por un sendero maravilloso, verde y vegetal.  Ese primer dia visitamos un pequeno pueblo Arsario (Wimake se llama) no lejos de un rio al pie de una ladera.  Entramos con permiso del Mama, que asi se llaman los sacerdotes, y conversamos con el.  En el pueblo viven unas 150 personas aunque ese dia solo vimos a unos pocos porque en su mayoria estaban trabajando los conucos.  Los Arsarios son, comparados con los Kogi, la tribu mas pequena (unos dos o tres mil hoy en dia).  Son descendientes directos de los Tairona, se visten de blanco y llevan sombreros de ala ademas de su mochila y el poporo de rigor.  El poporo, que aparece en la mano del Mama en la foto, es un instrumento de calabaza donde guardan conchas de mar pulverizadas que mezclan con la hoja de coca para acentuar su efecto de la droga.  El poporo lo reciben los hombres al llegar a la mayoria de edad y lo usan toda la vida.  La saliva que queda en el palito con el que untan la cal la limpian en el exterior del poporo dejando una fina capa amarilla que se va calcificando con el tiempo.  Mientras mas anos tenga el poporo mas gruesa la capa.  Hay poporos que llegan a pesar hasta 8 kilos.  Al untarlo producen un sonido que cuando estan en grupo hace las veces de mantra.  Los Mama son quienes controlan la vida religiosa y cotidiana de la comunidad.  Para llegar a serlo deben entrenarse por 18 anos (a veces 36) siguiendo una rutina muy rigida.  Son los Mamas quienes arreglan los matrimonios, resuelven disputas, hacen las adivinaciones, escogen donde fundar los pueblos y transmiten la rica tradicion oral.  Al llegar a la mayoria de edad los jovenes varones deben permanecer despiertos por cuatro dias y cuatro noches escuchando de sus Mamas (que son hombres) la lista de obligaciones que vienen con la adultez. Los Arsarios y los Kogis viven de sus conucos (maiz, yuca, coca, cana de azucar, bananas) y de cerdos y pollos que crian.  No cazan y rotan sus cultivos, viven en estrecha sintonia con su entorno (a la manera de Avatar salvando las distancias).  Les hacemos un regalo, unas cajas de colores para los ninos, y seguimos nuestro camino hacia el campamento de Filo de Cartagena. Quedamos todos pensativos, impresionados, algo perplejos luego haberle echado un vistazo a la America de antes de Colon.  No podemos evitar compararnos con ellos, preguntarnos sobre las virtudes del Iphone y las cremas hidratantes, sobre nuestras preocupaciones y apetitos materiales, sobre nuestros fetiches y supersticiones.

Mama con poporo



De pronto encontramos, ya de tarde, una subida y comenzamos a dispersarnos de acuerdo con el grado de condicion fisica.  Los mas sedentarios (cuyos nombres no seran revelados) se van quedando atras mientras que los mas aerobicos, Leila a la cabeza, llevan la delantera.  Comienza a anochecer, los primeros llegan al campamento y corren a las duchas; los otros, los mas robustos (cuyos nombres no seran revelados) prenden las linternas y siguen avanzando cuesta arriba culpando, algunos, a sus unas y rodillas.  El ultimo llega siempre acompanado de la mano del bueno de Wilson, nuestro guia. Llegamos todos finalmente muy cansados a eso de las 7, nos duchamos, nos embadurnamos de repelente contra los mosquitos y a cenar.  La comida es buena, la "salsa de hambrita" (como decia la abuela de dos buenos amigos) ayuda a que todo nos sepa delicioso.  Nos dan el plan de vuelo del dia siguiente, nos advierten sobre las culebras y alacranes (Phil pregunta por el porcentaje exacto de mordeduras venenosas en los ultimos anos) y nos vamos a dormir la mitad en hamacas y la otra mitad en catres todos en un mismo cuarto.  No tarda mucho para que comience el concierto de ronquidos, todos menos Marcos y Nadav participamos en la sinfonia.  Henry se levantara a las 3 de la manana en uno de los intermedios a comer caramelitos  de esos que vienen envueltos en el papel celofan menos silencioso del hemisferio.  El resto del grupo se lo agradecera de todo corazon, se lo agradecera y se lo recordara durante el desayuno y el resto del viaje. 

El segundo dia comienza con una bajada empinada que nos lleva a un rio transparente y divertido, un rio que nace en la nieve y los manantiales y que va zurciendo el paisaje, una cadena de pequenas caidas de agua y remolinos, una trenza de agua fria.  Nos ponemos nuestros traje de banos, algunos (cuyos nombres no revelare) prefieren banarse en interiores luciendo sus aguacates.  El agua es friisima pero nuestras ganas de banarnos son aun mas fuertes.  Comienza alli la subida mas larga del viaje, varias horas (cuatro o cinco) de camino empinado y lleno de barro, unos treinta Sabas Nieves pegados, todos agotados con los pies y las medias mojadas tratando de adivinar si la proxima es la ultima curva. Jose, con mucho sudor y sin agua, se sienta en el fango a esperar que el proximo que pase le rellene su botella.  "Estuve 18 minutos en el barro" nos dice esa noche, "me sente exhausto y les juro que pense que si venia la FARC y me pedian que caminara les decia que mejor me matan".  No llego las FARC, no hizo falta que Jose se inmolara, llego Wilson (o algun otro con alma caritativa) le dieron agua y al minuto 19 ya seguia mi primo lleno de energia montana arriba comiendo galletas Oreo y comparando cual de las dos rodillas operadas le habia quedado mejor.  Su camara, sudada sudadisima, si murio esa tarde en el charco de barro.  El camino era exigente pero hermoso, salpicado de palmeras de cera inmensas, el arbol nacional de Colombia, y millones de otros arboles frondosos que nosotros en nuestro analfabetismo botanico no podemos nombrar.  En los claros se veia el espinazo de la cordillera y los verdes de mil tonalidades, las verdaderas esmeraldas de Colombia.   Se acaba la subida, comienza una bajada y luego un camino muy lindo de sombras y helechos que lleva desde Paraiso hasta el campamento de los Altos de Mira, un punado de chozas en un antiguo pueblo Tairona al borde de la montana con una vista de esas que los gringos dicen nos roban el aliento.  Al llegar, a cuentagotas, los mas atleticos de primero y los menos entrenados atras, nos esperaba una sopa de verduras inolvidable que Freddy, el cocinero, nos preparo.  Alli, comiendo sopa y tomando whisky, compartimos nuestras penurias mientras contemplabamos el maravilloso paisaje.  La vista desde la ducha al aire libre era inmejorable, el barro en los zapatos imposible de limpiar.  Marcos nos veia a todos apoyado en un palo que habia encontrado en el camino, cansado preguntandose por que no estudio podiatria en vez de nefrologia.  Meyer, siempre vestido impecablemente en su ropa Acadia, nos advierte que solo trajo dos camisas y que lamentablemente la otra no se seco (http://acadia.com.co/acadiacolombia/tienda/tiendas.asp).   Esa noche jugamos cartas, nos inyectamos voltaren, tomamos motrin, nos untamos desitin, cenamos sabroso y nos fuimos todos a roncar felices, a sonar con Teyuna y, algunos de nosotros (al menos Jose y yo), con las Oreo del dia siguiente. 
Altos de Mira

De Altos de Mira salimos muy temprano luego de ver un fabuloso amanecer rumbo al rio Buritaca y la Ciudad Perdida.  "Es una subida un poquito empinada, luego vienen unas bajadas lisas, alli se pone mas descansadito, al final llegamos al rio Buritaca donde nos podemos banar".  Todos escuchabamos con escepticismo la descripcion de Wilson tratando de entender el verdadero significado de "empinada", "lisa" y "descansadito", preguntandole cuantas horas "en tiempo nuestro" nos tomara llegar, envidiando la ligereza con la que los tres Arsarios que nos acompanaban subian y bajaban con nuestras mochilas a sus espaldas, dandole animo a nuestras rodillas y tendones. "Hoy ascenderemos para arriba por un rato y luego ascenderemos para abajo" nos aclaraba Wilson. Fueron 7 horas de caminata (otra vez) con una parada larga en el rio para almorzar.  El agua como siempre fria y divina, esta vez nos banamos en interiores o con la ropa que llevabamos puesta, cada vez menos preocupados por el glamour.  En este viaje nada de lo que llevabamos puesto se secaba.    Para el tercer dia todos, aun los mas precavidos, teniamos las piernas cubiertas de picadas de mosquitos, garrapatas, pulgas y afines.  El agua que tomabamos, que los dos primeros dias fue mineral en botella sellada, ya era de rio ("vale madres", le decia yo a Marcos, en realidad a el ya ni le importaba).   Tarde esa tarde llegamos al campamento que queda cerca de la Ciudad Perdida, por primera vez no estabamos solos, en este campamento habian unos 30 o 40 turistas de todas las nacionalidades (de casi todo menos colombianos).  Nuestra llegada subio por lo menos unos quince anos el promedio de edad del campamento, unos quince anos y unas cincuenta libras.  Colgaron nuestras hamacas, cenamos (todos con mucha hambre menos una que perdio el apetito) y nos acostamos a dormir, a roncar felices sonando con Teyuna y (al menos yo) con la Nutella que Henry habia traido.  Esa noche los ronquidos pasaron desapercibidos por el ruido del rio a nuestras espaldas, un cancelling noise natural a la manera de los audifonos Bose, decidimos que los proximos viajes podrian (o deberian) ser a Iguazu, el Niagara o el Orinoco.  Marcos lleva tres noches sin dormir (ya no deja su palo, Henry le insiste que con un poco de practica y fe puede abrir las aguas del rio Buritaca).

"Vienbenido a la Cabana Teyumake"


                        
    Salimos temprano a la Ciudad Perdida.  Cruzamos ese dia el rio unas 10 veces hasta llegar a un recodo, a mano izquierda se ven unos escalones de piedra.   A este punto llegaron en 1972 los primeros guaqueros, cinco dicen que fueron, y subieron al Infierno Verde - uno de los primeros nombres con el que bautizaron a Teyuna-.  Por dos anos fueron y vinieron cargando el oro Tairona que encontraban en el Infierno.  Lo vendian en Santa Marta, despilfarraban el dinero y volvian a buscar mas.  La orfebreria Tairona es tal vez la mas elaborada de Colombia y una de las mas acabadas de toda America.  El Museo del Oro de Bogota, parada obligatoria, tiene una coleccion impresionante.  Alrededor del ano 75 comenzaron a pelearse los guaqueros entre si, hubo muertos, y Frank Rey, uno de los cinco guaqueros originales que aun vive y a quien apodan "El Abuelo" vendio al gobierno colombiano la localizacion de la Ciudad.  Fue entonces cuando el Instituto Colombiano de Arqueologia junto con el ejercito tomaron control del lugar.  Decomisaron algunas de las piezas que habian encontrado los guaqueros y comenzaron los trabajos de excavacion y reconstruccion.  Wilson, nuestro guia, trabajo con ellos por siete anos en Teyuna.   Son casi 1900 escalones de piedra hasta la cima (quien los habra contado), todos perfectamente colocados, una escalinata al cielo rodeada de verde, un ascenso mistico entre un laberinto de ruinas, nos imaginamos como habra sido en todo su esplendor hace 400 anos, los colores, olores y sabores, los Tairona subiendo y bajando atareados, todos en total sintonia con la naturaleza que los rodeaba.  Subimos poco a poco, boquiabiertos, cuesta entender como construyeron la ciudad (no conocian la rueda ni tenian animales de carga), cada tanto hay estructuras circulares de piedra donde una vez hubo chozas de madera (unas 170 terrazas mas o menos).  En el camino nos ensenan un antiguo mapa de piedra que muestra Teyuna como una ciudad mas en una red inmensa de caminos y poblaciones que se extiende por toda la sierra.  Cuantas Teyunas habra todavia durmiendo en la selva?  Hasta donde llegara la telarana de escalones?    Las excavaciones se detuvieron a peticion de los indios a mediados de los anos ochenta, de la propia Teyuna apenas se ve un 30 por ciento.  "Alli hacia la derecha a cuatro horas de camino de piedra" nos dice Wilson "hay otra ciudad Percolombina" (si, Wilson dice Percolombina).  Para los Kogi y los Arsarios Teyuna sigue siendo un lugar sagrado al que vienen a hacer ofrendas y rezar.    A tres cuartos de camino nos encontramos con los primeros soldados, hay un destacamento permanente en Teyuna, unos diez militares bien vestidos y aburridos que posan contentos para las fotos.  "No, aqui no hay guerrilla" nos dicen, ninguno de nosotros (ni siquiera Phil) les pregunta por las culebras.  Seguimos maravillados, el centro ceremonial son tres circulos inmensos inmensos rodeados de escaleras y estructuras de piedra.  Es paisaje a ambos lados, la ciudad es estrecha, es espectacular; palmeras inmensas, una catarata que cae y todo el verde del mundo.  La temperatura es perfecta, el cielo muy azul, se nos olvida el cansancio.  Vamos todos vestidos con una camisa blanca que Henry diseno (parecemos un grupo evangelizador o un paseo de fin de curso de weightwatchers), nos tomamos fotos, paseamos por las ruinas y bajamos por un camino paralelo impresionados, aun mas, con la cantidad de calles, escalones y edificios que encontramos.  De bajada las escaleras son aun mas hermosas, los tres Asarios que nos acompanan las bajan saltando como hacia yo en mis mocedades con las escaleras de mi colegio (que tenian unos 50 escalones calculo).  Uno de ellos, el de quince anos, nos cuentan que ya se caso y que su esposa acaba de dejarlo.  Tal vez es por eso que baja tan contento.












El valiente de Phil
Calistenia matutina dirigida por Marcos
En este punto, al llegar de vuelta al rio, comienza tecnicamente el camino de vuelta que, como siempre pasa en este tipo de excursiones, se hace agotador.  Hay que recruzar el rio varias veces hasta llegar al campamento donde dormimos.  Alli comemos almuerzo y comenzamos una caminata de cuatro horas, un subibaja interminable, "cuanto falta Wilson?" pregruntamos y repreguntamos a la manera de nuestros hijos mas pequenos.  Una ultima recta antes de llegar con un precipicio a nuestra derecha "Aqui se cayo un israeli" nos cuenta Wilson y nosotros, en ese punto, con pie de plomo y rodillas de plastilina.  Finalmente llegamos al campamento donde pasaremos la ultima noche, un techo de madera donde cuelgan las hamacas y un bano con tres duchas de agua de rio que Leila dice huelen mal.   Siete de nosotros escogemos nuestra esquina para poner las hamacas, Jose prefiere dormir en el set de la pelicula Slumdog Millionaire, en una carpa pequenita en la esquina donde estan los banos y los tendederos de ropa (si mis tios lo vieran).  Esa ultima noche, que era la primera vez en su vida que Marcos dormia en hamaca, fue la mas interrumpida (de hecho Marcos aun no ha dormido en hamaca a pesar de que estuvo en ella toda la noche).  Los ronquidos, la picazon ("Hijo, me pica mucho" decia Marcos toda la noche), el bamboleo de los vecinos (Marcos, el novato, especialmente), todo eso sumado a un perro negro simpatico y pulgoso (Tapete) que decidio dormir bajo mio y que no paro de rascarse toda la noche.   A eso de las dos y media nos desperto la luz de tres linternas y una pelea entre borrachos:  "Donde esta mi navaja?" repetia uno de ellos una y mil veces amenazando a los otros dos y yo, entre asustado y somnoliento,  cruzaba los dedos para que no la encontrara en la hamaca de Nadav mi sobrino.
Donde durmio mi primo Jose




 Enmulados

Cansados y adoloridos pero de buen humor nos despertamos temprano para nuestro ultimo dia.  Sincerados ya, conscientes de la cantidad de acido lactico en nuestras batatas, contratamos unas mulas para que nos llevaran el ultimo dia.  Nadie queria caminar las siete horas hasta el pueblo de Machete Pelao, nuestra ultima parada donde nos esperaba el carro que nos llevaria a Santa Marta.  Fuimos a buscar las mulas, "estan a 200 metros de camino del campamento" nos dijo Wilson.  Varios 200 metros mas tarde, siempre acompanados de nuestra mascota Tapete, nos encontramos con las mulas.  Las mulas son el animal mas inteligente del universo, "ustedes solo agarrense que ellas saben por donde pasar" y nosotros en un acto de fe agarrados fuerte a la silla de montar (algunos con los ojos cerrados) en las bajadas mas empinadas del tropico, las mulas  paso a paso comiendose el camino.  Seis horas con una corta parada para tomar algo preguntandonos como hizo Bolivar para ir y venir a Peru a caballo, sorprendidos de ver que habia otros musculos que no habiamos utilizado y que ahora tambien nos dolian.  Las mulas llegaron, nosotros tambien.  En Machete Pelao comimos pescado frito y tomamos cerveza.  Nos felicitamos, hicimos "high five" y todos al jeep (Freddy, Wilson y Fanny en el techo) dos horas por carretera de tierra justo a tiempo para llegar a nuestro hotel antes de que anochezca.  Esa noche cenamos felices, nos costaba creer que hace apenas un dia, unas cuantas horas, habiamos estado montana adentro paseando por las terrazas de Teyuna,  subiendo la infinita escalera de piedra, remojando los pies en el rio, sentados sobre una piedra viendo una palmera inmensa, riendonos, quejandonos, conversando largo entre nosotros con muchos mosquitos pero sin telefonos ni blackberries, meciendonos en una hamaca, contando chistes, maravillados con la naturaleza y las estrellas en la noche, con el color del cielo y de las alas de ese pajaro amarillo y negro en los Altos de Mira.   Nos fuimos a dormir, todos cayeron rendidos.  Yo, que escuche hace poco en una cena en Lima sobre la ciudad inca de Choquiquerao, tengo un Zvuv en la cabeza que no me deja dormir.