En Madagascar una tarde hace ya tiempo

En Madagascar una tarde hace ya tiempo
no, no soy yo

sábado, 2 de enero de 2010

En Mompox sano, salvo y acalorado

Mompox es de esos lugares que quedan cerca en distancia pero muy lejos cuando se les quiere llegar. Una cadena interminable de trasbordos hasta que, de repente, nos encontramos en un oasis de arquitectura colonial en medio del Magdalena. A las 630 de la manana llegue al aeropuerto en Bogota para tomar mi vuelo a Monteria. Luego de 50 minutos de vuelo,valga decir que era el unico rubio en el avion, aterrizamos en un pequeno aeropuerto de provincia donde todo el mundo pareciera que esta a punto de tomar una siesta. Mucho calor y luz. A las 8.30 de la manana salgo del terminal y comienzo a negociar con los taxistas pronunciando con mi mejor acento caribeno para asegurarme que no me den la tarifa de gringo. El colectivo a Sincelejo, 4 veces mas barato y 9 veces mas apretado, esta a punto de salir asi que me animo y me monto. Casi dos horas despues, con la pierna algo adormecida, me avisa el chofer que hemos llegado y que tengo que tomar otro colectivo a Magangue. Me compro una mano de bananas y me monto en el asiento de atras de un colectivo pequeno y destartalado con dos cornetas inmensas detras de mi cabeza muy cerca de mi oido malo (el carro esta tan oxidado que si me corto me puede dar tetano). Una hora y media a Magangue. En Magangue me dejan a orillas del rio donde me toca tomar una chalupa (la version maritima del ultimo colectivo) que por 3 dolares me llevara al pueblo de Bodega a media hora rio abajo. Con mi salvavidas puesto y sin moverme mucho -el bote se balancea bastante- disfruto del paisaje, de los cientos de garzas al borde del rio y un cielo azul azulisimo. Al llegar a Bodega hay que tomar otro colectivo hasta Mompox, 1 hora de camino por una carretera a veces pavimentada a veces no. Para ese momento ya he entablado conversacion con Fabricio, mi companero desde Sincelejo, un senor de 56 anos que viene a visitar a su mama en Mompox y a quien ya le regale dos de mis bananas. Fabricio me cuenta que le ha ido bien en la politica, que desde hace dos anos tiene un buen trabajo de vigilante nocturno en la alcaldia de Sincelejo, que una vez al ano visita a su mama, que el nunca se enferma de gripa, que el de pequeno comia mucha yuca y bagre, que su esposa es del mismo pueblo, que Bogota es muy grande, que el aeropuerto de Mompox lo van a abrir pronto, que no deje de visitar el cementerio y que no me pierda el bagre frito. Nos despedimos justo antes de entrar al pueblo "feliz ano" me dice y me sonrie sudado (todos estamos sudados). Seguimos por unos 15 minutos mas hasta que me encuentro frente al Hostal de Dona Manuela. Entro y me dicen"bienvenido senor Grunberg", como si fuera el unico rubio que ha visitado Mompox desde que O´Leary paso por aqui con Bolivar camino a Santa Marta. Xandra y su hermano no han llegado, vienen de Medellin en carro, asi que dejo mis cosas y me voy a pasear. Mompox tiene tres calles: la primera, la del medio y la de atras. Me voy a la primera, al borde del rio, y me siento a comer en un restaurante que recomienda mi guia. Me toca una mesa al lado de Anokye, un frances que lleva semanas viajando por Colombia sin afeitarse. Pido el bagre, el no, y (sudados) nos ponemos a hablar sobre itinerarios y lugares secretos en Argentina, Bolivia y Peru. De alli salgo a pasear y tomar fotos, me siento a hablar con Elizabeth, una senora de 80 anos que todos los dias se mece frente a su casa de 2 a 6. Me cuenta que sus abuelos contaban que sus padres (los bisabuelos de Elizabeth) contaban de cuando Bolivar visito Mompox. Me recomienda que coma bagre y me explica como llegar al cementerio (ya a estas alturas estoy ubicado, son tres calles despues de todo). Fundada en 1537 y nombrada asi en honor al cacique vencido, Mompox fue la primera ciudad en Colombia en unirse a la causa independentista. "Si a Caracas le debo mi vida a Mompox le debo mi gloria" dijo Bolivar para quien la ciudad siempre ocupo un lugar muy especial. Por mucho tiempo Mompox fue punto de paso en la ruta de Cartagena a Bogota hasta que el exceso de sedimentacion hizo que el brazo del rio Magdalena que pasa por Mompox dejara de ser navegable. Alli se detuvo el tiempo, la siesta ha durado mas de un siglo. Sus hermosas iglesias (Santa Barbara, Concepcion, San Francisco, San Agustin....) se entretejen con las plazas, los balcones, las casonas coloniales y el cementerio blanco. Mucho sol y artesania, paredes descoloradas, pocos turistas y buen bagre.

jueves, 31 de diciembre de 2009

Jueves de resurreccion

Asi es, luego de un largo silencio -causado primero por impericia tecnica que luego se transformo en frustracion y al poco rato en desidia- vuelvo a estas andanzas de cronista de viaje, de cuentacuentos de camino, resucita mi blog. Manana salgo para Mompox, Santa Cruz de Mompox, a orillas del rio Magdalena Colombia adentro. Mompox, dicen, es uno de esos lugares detenidos en el tiempo, momificado en su apogeo, pasmado de repente cuando -casi sin darse cuenta - dejo de ser parada obligatoria entre la costa y Bogota. Por mucho tiempo me intrigo su historia y ortografia, la idea de un lugar olvidado, una suerte de Samarkand tropical en la ruta de la seda de Colombia. Alguien hace anos en Colombia la nombro: "yo nunca he ido pero me dicen que es muy bonita" y a partir de ese momento otras tantas veces la han repetido siempre con la aclaratoria de "yo no he ido", uno de esos lugares donde un amigo de un amigo fue y luego nos conto que era pintoresco. Asi que me parecio un buen paseo de ano nuevo. Salgo manana, para llegar vuelo a Bogota, a la manana siguiente un vuelo a Monteria y de alli a Magangue via Sincelejo. En Magangue una chalupa, que no se muy bien que es pero que supongo cruza el rio, y luego un taxi a Mompox a descansar del largo viaje en una mecedora Momposina (vean la foto).
P.S. Valga la aclaratoria de que la impericia tecnica sigue y explica el desorden de las fotos al costado...

martes, 15 de julio de 2008

25 horas en Montevideo

Uruguay ocupo siempre un espacio, no muy grande ni prominente un rinconcito mas bien, en mi imaginario. Uruguay fue siempre un punado de cuentos sordidos de Horacio Quiroga, dos mundiales de futbol alla en la prehistoria del deporte, Onetti y Benedetti, y sobre todo Adrian Liberman, ese amigo de mi hermano que hablaba como argentino sin serlo y que parecia haberse leido todos los libros del planeta. Uruguay quedo por mucho tiempo asi, un pais detenido en el tiempo con apenas 3 millones de habitantes, una geografia plana planisima -contaba Adrian- donde el pico mas alto tiene 500 metros, un vecindario calmado de Buenos Aires del otro lado del Rio de la Plata. Y de repente, de la noche a la manana, los vientos cambian y Uruguay pasa a ser el "plat du jour" el nuevo ombligo en mi mundo de negocios. Asi que con toda la premura del caso me enfilo (contento) hacia Montevideo. Despues de todo es uno de los cuatro paises (sin contar las invisibles Guayanas) que no conocia en el continente. En las ultimas dos semanas he visitado ya dos veces la Republica Oriental del Uruguay (vaya nombre!), y comienzo a familiarizarme con las calles de Montevideo, capital modesta, suerte de ciudad-estado. Es un pais, como dice todo el mundo, detenido en el tiempo y envejecido, el unico en America Latina donde cada ano nace menos gente que la que muere y emigra.
Mi hotel, el Radisson, esta en la Plaza de Independencia donde esta enterrado el bueno de Artigas, una plaza pequena bordeada por el Teatro Solis y dos o tres palmeras. Muy cerca esta un malecon largo larguisimo - "no es mar, es rio" me aclara el taxista- donde casi nunca hay trafico. Es domingo, me voy a pasear por la ciudad vieja y luego a Punta Carretas, una vieja carcel convertida en centro comercial. Alli compro mas libros en una libreria divina -descubri Adrian que aqui tu eres apenas uno mas- y ceno bife con morcilla y chorizo y el panqueque de rigor mientras me juro a mi mismo (con los dedos cruzados) que ire a correr por el malecon a la manana siguiente. El lunes, entre reunion y reunion de trabajo, logro hacer una visita fugaz al museo de Joaquin Torres Garcia, pintor y juguetero, maravilloso pintor y juguetero. No solo quedo fascinado con sus cuadros, sino con Manolita Pina, su esposa catalana que vivio apenas 111 anos (como para confirmar que en Uruguay se envejece bien).
Y de alli corriendo a otra reunion para luego ir al aeropuerto ("este es el Rio de la Plata, no el mar" me vuelve a advertir el taxista). Una pequena escala en Buenos Aires -suficiente para comprar alfajores- y luego NY. Al aterrizar me doy cuenta que me he olvidado de preguntarle al taxista donde fue por fin que nacio Gardel.

sábado, 12 de julio de 2008

It is Winter Here!

It just happens that when I open my eyes the first couple of seconds (five perhaps) I wonder: "Where am I?" Yesterday it was Taltal in the north of Chile, the night before La Serena, and 24 hours earlier Lanchile... Today I woke up with the wonderful view of the Andes, the mountain chain covered in snow. It made it easier for me to remember that I am in Santiago de Chile. We all become so "northcentric" that everybody I speak to back in NY is amazed when I tell them that down here is cold and that the hotel lobby is full of excited skiers. I hesitate: "should I go skiing?" but I quickly decide that I rather avoid an injury (I should not forget that I am a very tropical skier who saw snow for the first time when I was 17). A good lunch always trumps exercise, I hail a taxi and ask him to take me to the "Mercado Central" where the strangest creatures from the Pacific come to rest. "Donde Augusto" is the name of the restaurant, what a place, right in the middle of the market a stone's throw away from the fishmongers, strategically located in the middle of the action. I sit down and, as usual, I order the signature dish the "Don Augusto platter" a huge sampler of delicacies (not too kosher I have to admit). A good beer, lots of lemon, and I am ready to plunge myself into what looks more like a Cousteau documentary than a local dish. Several kilos later I leave the restaurant and head to my next stop: "La Chascona", Pablo Neruda's home in Santiago. My guide, an affable long haired student with a UCV look, took us (me and three Brazilians who did not understand a word of Spanish) around every corner of the house where Matilde Urrutia lived until her death in 1985. Extravagant furniture, a colorful hopscotch of objects from around the world surrounded by paintings from his friends and contemporaries (Matta, Mario Carreno and even a Feliciano Carvallo). A more or less accurate reconstruction that Matilde undertook after the house was vandalized in the midst of the coup in 1973. A picture of Neruda and a young Marcel Marceau caught my attention, Neruda and Marceau, verbosity and silence, embraced and smiling. By coincidence today is July 12, the day Neruda was born 104 years ago and here I am, in a sort of pilgrimage with my new Brazilian friends, up and down the stairs digesting a trove of eyes, claws and antennas in Neruda's home. From la Chascona I go for a little shopping (some books, a sweater -yes, I also forgot it was winter down here-) and alfajores of which I cannot have enough.
Tomorrow Uruguay and Tuesday New York.