En Madagascar una tarde hace ya tiempo

En Madagascar una tarde hace ya tiempo
no, no soy yo

martes, 20 de julio de 2010

En Panama cambiando de canal


“A fuckin fun weeken inda playa paseando in Panama”, o algo parecido, seria lo que diria un Bocatoreno para describir mi ultimo fin de semana. El Guari-Guari, el dialecto creole que hablan los habitantes de Bocas del Toro es, como ellos mismos lo explican: “una mezcla de ingles y espanol pero con muchas, muchisimas, vulgaridades”. A nosotros nos tomo por sorpresa cuando lo escuchamos por primera vez camino a Cayo Zapatilla en un pequeno restaurant a orillas del manglar donde nos paramos a ordenar nuestro almuerzo. Pedimos la comida: “preparenos por favor un mixto de mariscos con curry y coco” y de alli fuimos caminando por un puentecito de madera sobre el agua hasta otra casita a alquilar mascaras de buceo (y un par de esquies para Jorge). Fue entonces cuando nos tropezamos con un grupo de amigos que conversaba muy animadamente en Guari-Guari. La costa caribe de Centroamerica estuvo por mucho tiempo mas cerca de las antillas inglesas que de la America espanola (dicen que Arzu, el arquero hondureno del mundial de Espana 82 que rompio en llanto cuando perdieron contra Yugoslavia faltando tres minutos, hablaba mucho mejor ingles que espanol). Desde muy temprano, desde comienzos del siglo XIX y luego de nuevo a comienzos del siglo XX, llegaron a Panama oleadas de trabajadores negros, principalmente de Jamaica y Barbados para trabajar en las plantaciones de banano y en la construccion del Canal. Muchos, los que sobrevivieron, se quedaron a vivir en Bocas del Toro y sus alrededores. El bote de amigos Guari-Guaris se fue, pero por un rato se siguie escuchando a lo lejos, entre risa y risa, el contrapunteo de “fuckin..fuckin”. Nosotros tambien estabamos listos para seguir nuestro paseo. Cesar, nuestro lanchero, a quien bautizamos “Cervecesar” cuando nos pidio que le compraramos dos Corona de desayuno a las 8.30 de la manana, nos dejo en la orilla del cayo Zapatilla. Saltamos al agua, le dimos la vuelta al islote caminando por la playa y comenzamos a nadar. El agua tenia la temperatura perfecta, pocas olas, sol pero no demasiado, desde el agua se veia el centro de la isla muy verde rodeado de una franja de arena limpia y, lo mejor de todo, muy, muy poca gente.
Cervecesar

Cayo Zapatilla







Bocas del Toro es un archipielago a 45 minutos en avion de la ciudad de Panama; “si nos despertamos temprano vamos por el dia” dijimos algo escepticos la noche antes y a las seis de la manana estabamos sentados tomando agua de coco en el aeropuerto esperando que saliera nuestro avion de Air Panama comandado por el capitan Perez, un simpatico piloto argentino. El avion aterriza en Bocas Town, un pueblo “funky” que los mochileros descubrieron hace unos diez anos y donde ahora vive una comunidad de extranjeros que no pudo mas con el clima de Londres, el trafico de Buenos Aires, las dos semanas de vacaciones al ano de los Estados Unidos, el desempleo involuntario o que simplemente no quiere usar zapatos. En Bocas Town siempre es la hora de la siesta. Tomamos un taxi del aeropuerto al embarcadero (nos costo un dolar y no tuvimos que regatear) y alli contratamos al bueno de Cervecesar. El archipielago son cuatro islas grandes (parte de ellas parque nacional) rodeadas de muchos islotes, un laberinto de manglares, y montones de delfines que vienen atraidos por colonias de sabrosas medusas. Pasamos el dia recorriendo playas, visitando hoteles para ver adonde ir la proxima vez, hablando y re-hablando entretenidos de los mismos temas, continuando como si nunca las hubieramos interrumpido las conversaciones que comenzamos en Chicago hace ya 15 anos. Al final del dia tomamos algo en el pueblo mientras esperabamos al capitan Perez y su tripulacion, 45 minutos de vuelo a la ciudad de Panama, justo a tiempo para una buena cena de kibbe, hummus, falafel y kafta en un agradable comedero libanes. En Panama se come bien. El dia antes, apenas llegue, almorzamos en Posta; un restaurante magnifico donde de entrada nos sirvieron queso feta y camarones sobre patacon y de plato principal una corvina divina (valga la rima). Cuando estaba por terminar mi pescado me dijo Jorge: “Preparate porque faltan todavia las dos mejores cosas del restaurante: “el postre y la cuenta”. Y asi fue, el postre de chocolate maravilloso y la cuenta muy solidaria.
Panama se siente como un hibrido entre Dubai y Barranquilla, la ciudad ha cambiado mucho desde que vine la ultima vez en 1998 pero guarda todavia, en el casco viejo y en otros vecindarios, el ritmo de antes. Impresiona mucho ver los nuevos tramos de autopistas, los hoteles, el museo de biodiversidad (en construccion) que Frank Gehry diseno, los edificios altos, los centros comerciales y las luces pero impresiona tambien, por lo menos a mi, lo cerca que esta la ciudad de la naturaleza. A diez minutos del centro de la ciudad hay bosques, verdaderos bosques, con infinitos pajaros, ranas de colores y monos. Hay playas y lagos, islas, bambu y palmeras. Panama no ha perdido, aun, algunos de los rasgos de las pequenas ciudades, en Panama todavia se siente el pulso de la naturaleza, el horario de la lluvia, la menopausia del tropico.
Llega el lunes, Jorge a su oficina y yo a Lima a trabajar. Sentado en el avion asomado a la ventana volando sobre el canal me doy cuenta que tengo muchas ganas de volver, “fuckin ganas de come back" que asi debe decirse, me imagino, en Guari-Guari.


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