En Madagascar una tarde hace ya tiempo

En Madagascar una tarde hace ya tiempo
no, no soy yo

martes, 20 de julio de 2010

En Panama cambiando de canal


“A fuckin fun weeken inda playa paseando in Panama”, o algo parecido, seria lo que diria un Bocatoreno para describir mi ultimo fin de semana. El Guari-Guari, el dialecto creole que hablan los habitantes de Bocas del Toro es, como ellos mismos lo explican: “una mezcla de ingles y espanol pero con muchas, muchisimas, vulgaridades”. A nosotros nos tomo por sorpresa cuando lo escuchamos por primera vez camino a Cayo Zapatilla en un pequeno restaurant a orillas del manglar donde nos paramos a ordenar nuestro almuerzo. Pedimos la comida: “preparenos por favor un mixto de mariscos con curry y coco” y de alli fuimos caminando por un puentecito de madera sobre el agua hasta otra casita a alquilar mascaras de buceo (y un par de esquies para Jorge). Fue entonces cuando nos tropezamos con un grupo de amigos que conversaba muy animadamente en Guari-Guari. La costa caribe de Centroamerica estuvo por mucho tiempo mas cerca de las antillas inglesas que de la America espanola (dicen que Arzu, el arquero hondureno del mundial de Espana 82 que rompio en llanto cuando perdieron contra Yugoslavia faltando tres minutos, hablaba mucho mejor ingles que espanol). Desde muy temprano, desde comienzos del siglo XIX y luego de nuevo a comienzos del siglo XX, llegaron a Panama oleadas de trabajadores negros, principalmente de Jamaica y Barbados para trabajar en las plantaciones de banano y en la construccion del Canal. Muchos, los que sobrevivieron, se quedaron a vivir en Bocas del Toro y sus alrededores. El bote de amigos Guari-Guaris se fue, pero por un rato se siguie escuchando a lo lejos, entre risa y risa, el contrapunteo de “fuckin..fuckin”. Nosotros tambien estabamos listos para seguir nuestro paseo. Cesar, nuestro lanchero, a quien bautizamos “Cervecesar” cuando nos pidio que le compraramos dos Corona de desayuno a las 8.30 de la manana, nos dejo en la orilla del cayo Zapatilla. Saltamos al agua, le dimos la vuelta al islote caminando por la playa y comenzamos a nadar. El agua tenia la temperatura perfecta, pocas olas, sol pero no demasiado, desde el agua se veia el centro de la isla muy verde rodeado de una franja de arena limpia y, lo mejor de todo, muy, muy poca gente.
Cervecesar

Cayo Zapatilla







Bocas del Toro es un archipielago a 45 minutos en avion de la ciudad de Panama; “si nos despertamos temprano vamos por el dia” dijimos algo escepticos la noche antes y a las seis de la manana estabamos sentados tomando agua de coco en el aeropuerto esperando que saliera nuestro avion de Air Panama comandado por el capitan Perez, un simpatico piloto argentino. El avion aterriza en Bocas Town, un pueblo “funky” que los mochileros descubrieron hace unos diez anos y donde ahora vive una comunidad de extranjeros que no pudo mas con el clima de Londres, el trafico de Buenos Aires, las dos semanas de vacaciones al ano de los Estados Unidos, el desempleo involuntario o que simplemente no quiere usar zapatos. En Bocas Town siempre es la hora de la siesta. Tomamos un taxi del aeropuerto al embarcadero (nos costo un dolar y no tuvimos que regatear) y alli contratamos al bueno de Cervecesar. El archipielago son cuatro islas grandes (parte de ellas parque nacional) rodeadas de muchos islotes, un laberinto de manglares, y montones de delfines que vienen atraidos por colonias de sabrosas medusas. Pasamos el dia recorriendo playas, visitando hoteles para ver adonde ir la proxima vez, hablando y re-hablando entretenidos de los mismos temas, continuando como si nunca las hubieramos interrumpido las conversaciones que comenzamos en Chicago hace ya 15 anos. Al final del dia tomamos algo en el pueblo mientras esperabamos al capitan Perez y su tripulacion, 45 minutos de vuelo a la ciudad de Panama, justo a tiempo para una buena cena de kibbe, hummus, falafel y kafta en un agradable comedero libanes. En Panama se come bien. El dia antes, apenas llegue, almorzamos en Posta; un restaurante magnifico donde de entrada nos sirvieron queso feta y camarones sobre patacon y de plato principal una corvina divina (valga la rima). Cuando estaba por terminar mi pescado me dijo Jorge: “Preparate porque faltan todavia las dos mejores cosas del restaurante: “el postre y la cuenta”. Y asi fue, el postre de chocolate maravilloso y la cuenta muy solidaria.
Panama se siente como un hibrido entre Dubai y Barranquilla, la ciudad ha cambiado mucho desde que vine la ultima vez en 1998 pero guarda todavia, en el casco viejo y en otros vecindarios, el ritmo de antes. Impresiona mucho ver los nuevos tramos de autopistas, los hoteles, el museo de biodiversidad (en construccion) que Frank Gehry diseno, los edificios altos, los centros comerciales y las luces pero impresiona tambien, por lo menos a mi, lo cerca que esta la ciudad de la naturaleza. A diez minutos del centro de la ciudad hay bosques, verdaderos bosques, con infinitos pajaros, ranas de colores y monos. Hay playas y lagos, islas, bambu y palmeras. Panama no ha perdido, aun, algunos de los rasgos de las pequenas ciudades, en Panama todavia se siente el pulso de la naturaleza, el horario de la lluvia, la menopausia del tropico.
Llega el lunes, Jorge a su oficina y yo a Lima a trabajar. Sentado en el avion asomado a la ventana volando sobre el canal me doy cuenta que tengo muchas ganas de volver, “fuckin ganas de come back" que asi debe decirse, me imagino, en Guari-Guari.


viernes, 16 de julio de 2010

Siete dias al son de las vuvuzelas

Son solo 15 horas de vuelo hasta Johannesburgo y voy contando los minutos desde que despegamos con la mirada fija en la pantallita que muestra por donde va el avion (preguntandome a quien le interesara que la temperatura es menos 57 grados centigrados afuera a 36.000 pies de altura?!) Ya hemos visto tres peliculas en el DVD player que compramos ("La Teta asustada", "Derecho de Familia" y "Cashback"), vuelvo a ver la pantallita de reojo y apenas estamos cruzando el Atlantico todavia muy lejos de la costa de Costa de Marfil. Vamos, Guillermo y yo, camino a Surafrica a ver algo de futbol. En el avion ya se siente el ambiente festivo; las aeromozas vestidas con el uniforme amarillo Bafana Bafana del equipo surafricano, los pasajeros -sobre todos los que si saben de futbol- ansiosos por llegar e ilusionados pensando que sus equipos ganarian (eso cuando el pulpo Paul todavia era un pulpo cualquiera y Espana acababa de perder contra Suiza), el piloto contento dandonos la bienvenida en ingles e impecable Afrikaans. Llegamos temprano en la manana (15 horas de vuelo, 22 horas seguidas sin dormir), el aeropuerto repleto de voluntarios todos con las sonrisas mas sonrientes que hemos visto. Tomamos el nuevo tren rapido a la ciudad para llegar a nuestra cita con Firoz y Nazira, mis dos buenos amigos. Almorzamos juntos una costilla gigante (27 horas sin dormir) y de alli algo apurados al partido Costa de Marfil - Brasil en Soccer City, un nido marron perforado de luces, lleno de fanaticos (casi 88 mil) de buen humor vestidos de colores. "Lo peor para el jet lag es dormir" le advertia yo a Guillermo cuando lo veia cabecear y el me veia, entre sonambulo e insomne, arrullado por un coro de vuvuzelas (29 horas-o mas- sin dormir).
Al dia siguiente, recuperados ya, salimos a explorar Jozi (que ese es el sobrenombre de Johannesburgo). Los taxistas en Surafrica son todos, al menos los que nos tocaron a nosotros, simpatiquiiiiiiiiisimos. Algunos nos hablaban del presidente Zuma y sus apetitos sexuales, otros del equipo de futbol local y de su estrella Torrealba, un venezolano que juega desde hace anos en Surafrica y que, parece, despierta pasiones, otro de su trabajo anterior como policia. Ese dia almorzamos con una buena botella de vino en Assagi, un comedero italiano de esos en los que a uno le provoca abrazar a los mesoneros, la torta de la nonna de postre y de alli a pasear. Esta es mi segunda visita a Johannesburgo en dos meses y cada vez se me hacen mas evidentes las semejanzas con Caracas. No solo las colinas y los arboles, las calles y los centros comerciales sino tambien, y sobre todo, la sensacion de dos ciudades en una; una adinerada y asustada que o emigra o se esconde tras las rejas electrificadas y otra, mucho mas numerosa y apartada, que se asoma cada vez con menos miedo. Dos ciudades que se comportan como siameses que se dan la espalda. Pero mas que las semejanzas, o precisamente por las muchas semejanzas, sobresalen las diferencias entre Venezuela y Surafrica: Mandela, que pudo hacer las paces con el resentimiento -el suyo y el de mas de 30 de millones de personas-, supo reconstruir sin destruir, desarmo el abominable aparataje del apartheid sin tener que desfigurar el pais, fue igual de intransigente en deshacer lo malo como lo fue en preservar lo bueno. Mandela, a diferencia de Chavez, resistio las seducciones y las trampas del poder.
Un juego cada dia: Espana-Honduras, Espana-Chile, Ghana-Alemania, Mexico-Uruguay, saltando de estadio en estadio sin poder decidirnos por cual equipo vamos. Durante el dia explorando Johannesburgo y Pretoria: el museo del Apartheid (bueno, buenisimo), la cerveceria Saab Miller (mala, malisima), la casa de Paul Kruger (eramos los unicos dos visitandola, bueno, nosotros dos y un japones algo perdido), el jardin botanico y dos o tres centros comerciales... Una de las noches decidimos pasarla en Sun City, una suerte de las Vegas dos estrellas a dos horas y media al norte de Johannesburgo. Nuestro hotel, "Las cabanas" se llamaba, era de un mal gusto entretenido. Sun City queda muy cerca de Pilanesberg, una parque nacional de 55 mil hectareas, un antiguo crater donde hoy pasean animales. Hicimos dos safaris, uno de tarde y otro temprano en la manana; montones de springbooks e impalas, elefantes (grandes y chiquitos), rinocerontes (grandes y chiquitos), tres jirafas (una alta y dos medianas), jabalies corriendo con las colas estiradas, un cocodrilo ("de esos he visto mucho decia Guillermo"), y algunos hipopotamos. Yo, como me pasa siempre con los animales, hipnotizado.
El sabado en la noche, nuestra ultima noche, decidimos ver Ghana-USA en un plaza con Firoz, Nazira y muchisima gente mas, todos bailando y vuvuzeleando, todos contentos. El domingo un almuerzo inolvidable de langostinos, codornices y vino en un restaurante portugues y esa noche de vuelta en el avion otra vez viendo la pantallita contando los minutos para la escala en Dakkar. "No duermas Guillermo, no es bueno para el jetlag" le decia yo mientras el cabeceaba.

lunes, 31 de mayo de 2010

Osos al oeste de Chiclayo

Por unos pocos meses cuando era pequeno los cartones de leche mostraban, en la parte de atras, el dibujo y una descripcion de especies de animales venezolanos en peligro de extincion. Frente a mi en las mananas un plato con una de las arepas gigantes que Carmen me preparaba, un vaso de chocolate frio y yo hipnotizado con el carton de leche Carabobo leyendolo mientras desayunaba. Las tortugas arrau, el caiman del orinoco, manaties, y yo queriendo saber mas (la impotencia de la era pre-internet), queriendo verlos de cerca y en vivo (muriendome de ganas de darles un pedacito de mi arepa). De todos los animales que aparecian en la serie habia uno que me interesaba en especial, que por alguna razon -que hasta el dia de hoy desconozco- capturaba mi imaginacion, recuerdo perfectamente el dibujo en blanco y negro de aquel oso Frontino, "el unico oso de suramerica", parado en dos patas viendome a los ojos. A partir de alli siempre le segui el rastro al Tremarctos Ornatus, siempre pendiente de cualquier noticia que apareciera, una aficion intima (poca gente la entendia o la entiende), me emocione cuando descubri que habia una pareja de ellos en el zoologico de Washington y los visite varias veces cuando vivi alla, me escribi con un tal Denis Torres en Venezuela quien se dedicaba a contar y proteger los osos, le segui el rastro a los osos frontinos del zoologico de Punto Fijo, lei y relei la parte del relato de Hiram Bingham de cuando llega a Machu Pichu y se tropieza con tres osos merodeando las ruinas. Por anos atento de reojo hasta que este jueves en Lima paseando por un centro comercial frente a mi hotel me tropece con una foto de un oso inmenso (oso de anteojos le dicen aqui) en un puesto de promocion turistica. Pregunto por el oso, por supuesto, y me cuentan de la reserva ecologica de Chaparri. Resulta que a dos horas de Chiclayo en el norte de Peru hay una reserva forestal, uno de los pocos bosques secos que aun quedan en la zona, donde se encuentra el unico centro de rehabilitacion de osos frontinos y donde ademas hay una de las ultimas poblaciones de osos salvajes. Al dia siguiente llame temprano a la reserva y reserve un cuarto en un pequeno ecolodge que construyeron para hospedar visitantes, compre un buen par de binoculares y un pasaje de avion. Chaparri es un lugar maravilloso. Fundado por las comunidades locales hace unos 10 anos, se ha convertido en un modelo de conservacion ambiental. Con poco mas de 34,000 has, es probablemente el ultimo refugio de bosque seco donde aun vive el oso frontino (se calcula que en toda suramerica quedan no mas de 4,000 osos muy dispersos entre Venezuela, Colombia, Ecuador, Peru y Boliva), Chaparri es ademas un paraiso para las aves con mas de 230 especies residentes muchas de ellas endemicas. La pava aliblanca, por ejemplo, se creyo extinta por casi 100 anos hasta que en los anos 70 se descubrio una poblacion muy pequena en el norte de Peru. Hoy quedan apenas 300 pavas de las cuales mas de 70 viven en Chaparri -y se montan en la mesa a almorzar con uno-. Zorros, pumas, pecaries, venados, condores, infinitos colibries...y un paisaje seco y maravilloso de cactus, flores y algarrobos. La noche del sabado, mi unica noche alli, no habia mas huespedes en el campamento asi que tuve toda la atencion de Lucila -mi guia- y los dos guardaparques. Largas caminatas, larguisimas, en la manana y en la tarde buscando pajaros y siguiendole el rastro a los venados. Me mostraron los animales que han rescatado -la mayoria de ellos fueron mascotas- y que pronto liberaran en el bosque. Hay 8 osos frontinos y un pequeno bebe "Pierre" que nacio hace casi un ano. Me quede hipnotizado de nuevo, como en mis desayunos hace 30 anos, viendo a Pierre y "Cholita", su mama, jugando a medio metro de mi -un tercio de metro, tal vez 15 centimetros-. Pierre y Cholita casi posando mientras yo les tomaba fotos, me quede muy quieto escuchando su respiracion. En la noche Joel, uno de los dos guardaparques, me llevo de paseo a buscar buhos y tarantulas. Joel, doolitle peruano, le hablaba con los buhos: trrrrri trrrrrri y ellos le respondian volando hacia nosotros; y luego puuuu puuuu para que viniera otro distinto de otra especie y al rato escuchabamos de vuelta puuuuuu puuuuu y el buho en una rama a nuestro lado. Tarantulas muy peludas al borde del camino, infinitas estrellas en el cielo, serpientes y todos los ruidos de la noche, ese escandalo que arrulla. Ayer en la manana fuimos muy temprano a ver el "bano de los colibries", un estanque muy cerca del comedor donde montones de colibries ( o colibris) van a socializar, a tomar agua y banarse, a batir las alas como si la gravedad fuera cosa de otros. Algunas horas meciendome en hamaca (he refinado el arte del hamaqueo), leyendo y persiguiendo pajaros con mis binoculares, un buen almuerzo y de vuelta al aeropuerto de Chiclayo para conectar a Nueva York via Lima. Sentado ahora en NY todavia tengo la mente en Chaparri, pienso que tal vez haya sido Cholita la del dibujo en el carton de leche Carabobo, estoy listo para ir de excursion al Orinoco a buscar a ese manati que tambien me miraba.

domingo, 16 de mayo de 2010

De nubes, sonrisas, cebras y otras maravillas de Africa

Es curioso. A dos semanas de haber vuelto, me siento a escribir estas lineas tratando -como hago siempre- de recordar historias para contar y me tropiezo en vez con una avalancha de sensaciones; con la respiracion entrecortada de ese elefante a la puerta de nuestra carpa en mitad de la noche, con el ronquido de los hipopotamos, con el escandalo de los infinitos pajaros, con el crujir de los huesos cuando comen las hienas y los leones, con las canciones ("Beautiful Botswana") que de repente -a veces si, a veces no- nos cantaban en los campamentos justo antes de la cena, con el ocre del agua del Okavango, las sonrisas de Kenny, Sam, Jacob, Thabo, Janet, Pax y la de mi buen amigo Firoz sentado entre langostinos en un restaurante portugues como si el tiempo se hubiera detenido hace 17 anos; siento y escucho y huelo los arcoiris de Victoria Falls rodeados de verde y la lluvia desordenada de las cataratas, las nubes con formas de animales -patitos, elefantes y bat eared foxes- y los atardeceres que ni siquiera me atrevo a describir, aquellas dos jirafas retorciendo sus cuellos y las pestanas de las avestruces, los blancos y negros y marrones de las cebras todas en una y una en todas, el sonido de la radio al llegar al campamento "Lebala, lebala....Lagoon, Lagoon...Kwara..kwara" y la brisa en la cara, los monticulos de termitas -rascacielos de cien anos-, el cansancio maravilloso justo antes de las siestas al mediodia, las hormigas incansables -incapaces de tomar una siesta- al borde del sendero que nos llevaba a nuestro cuarto, las siluetas de los baobabs, el grito de los mandriles y el susto de esa lagartija inmensa que no nos vio llegar, el olor a hipopotamo muerto y a hipopotamo vivo, los colores del amanecer en el campamento de Lagoon y la luna llena en Lebala, las plumas del Lilac Breasted Roller, las duchas inolvidables al aire libre; y, lo escucho ahora, los sonidos que hace el pantano cuando lo atraviesan los elefantes.

lunes, 22 de febrero de 2010

De vuelta de una semana de nieve y fondue, orgullosos de nuestros meniscos.

El lunes a eso del mediodia, con hambre y sin GPS, decidimos hacerle caso a nuestro instinto y salirnos de la autopista siguiendo los anuncios del pueblo de Gruyere. Algunas curvas, mucha nieve y montanas, y llega uno al pie de una colina desde donde se asoma Gruyere, un pequeno pueblo de menos de 2.000 habitantes con un castillo, mucho colesterol y una pintoresca ciudad amurallada. Como era de esperarse, el hambre le gano a la curiosidad intelectual, fue unanime la decision de dedicarle solo 5 minutos a visitar la fortaleza (y no entrar al museo) para poder sentarnos lo antes posible a almorzar en uno de los restaurantes del pueblo. Nuestra mesonera, una simpatica y nostalgica peruana, nos trajo un delicioso fondue de queso local (no lo pidas de Cheddar, le adverti a Xandra antes de entrar) acompanado de papas, encurtidos y vino caliente. De postre, merenques con crema. La conversacion durante la comida fue una serie de "mmmmmm", "mmmmmmm", "mmmmmmmm", seguidos de "guauuuuuuu, viste que bueno" que se repetiria durante toda la semana (un itinerario gastronomico que jamas patrocinaria el American Heart Association).
De Gruyere seguimos a Crans-Montana nuestro destino final, pueblos gemelos montana arriba en la ladera de un espectacular valle, no muy lejos de la frontera con Italia. Llegamos esa misma tarde a tiempo para hacer los preparativos para nuestra semana de esqui; alquilamos las botas y el resto del equipo, llamamos al instructor, hicimos compras para el apartamento. A la manana siguiente nos esperaba Jean vestido de rojo frente al lift, listo para refrescar la memoria de esta pareja de esquiadores tropicales. Sin mucho preambulo nos lanzamos montana abajo y no nos fue mal. Jean, algo desentendido de nosotros, nos dejo al mediodia en una cabana a media pista donde comimos, de nuevo, al son de "mmmmmmms" y "guaus". Algo mas de ski en la tarde, menos diestros por el cansancio, y luego a explorar el pueblo. Crans es tres calles repletas de buenas boutiques y galerias de arte, casi siempre cerradas, varias panaderias y tiendas de comidas, casi siempre cerradas, y un cine donde todavia hay un intermedio para que el publico coma cotufa, compre chupetas y tome cafe. Alli vimos Oceans, un documental que no deben perderse (el link a la derecha), pura poesia, mar infinito, coreografias maravillosas de ballenas, cangrejos, rayas, calamares, delfines y mucho azul.
Esquiamos todos los dias, Werner el instructor del jueves ("up, up, voila" le decia a Xandra mientras la seguia de cerca), David el del viernes (menos simpatico), y nosotros teleferico arriba y pistas abajo disfrutando del paisaje y el sol de invierno sin descuidar nuestras rodillas. En las noches buena comida: pasta el martes, raclette inolvidable el miercoles, una cena magica el jueves en el Hotel Terminus; y ensalada y sopa (nada mas) el viernes. Por la tarde ese dia, el ultimo en Crans, nos fuimos camara en mano a pasear por el bosque en medio de una nevada, arrodillados y acostados (felices) en la nieve tratando de tomarle fotos al frio y el silencio. El sabado, ya camino a Zurich, nos paramos en Berna para visitar el Zentrum Paul Klee, un bellisimo edificio disenado por Renzo Piano lleno de pinturas y dibujos del talentoso artista suizo. De alli a Zurich para salir a NY con las rodillas a salvo y la maleta llena de chocolates y postales de Klee.

sábado, 23 de enero de 2010

De plazas y otras sorpresas al borde del mar

En Miraflores, alli donde de repente se acaba Lima y comienza el Pacifico, hay un malecon que bordea el precipicio y se asoma al mar. Salgo a correrlo en la manana sin saber donde se termina, disfrutando del paisaje lunar de esta ciudad donde cualquier llovizna es un diluvio, contento de que hoy no hay bruma ni apuro en Lima. El malecon es una suerte de serpiente, un paseo de curvas adornado con jardines cuidados por tropas de trabajadores en uniformes,la gente que corre -o muchos de ellos- probablemente terminan tomando un Latte Grande Spumatto en el Starbucks mas cercano. En mi camino me tropiezo con pequenas plazas y monumentos dedicados a batallas, proceres y otros ciudadanos (uno de ellos a la virgen) una leccion a la carrera de historia peruana; yo sudado y algo distraido llego a un recoveco cerca del estadio municipal donde el camino se convierte en una calle ciega con un busto dorado refulgente sobre un pedestal. Sin pararme del todo le doy una vuelta y leo: "A Carlos Alberto Izaguirre Alzamora", le doy otra vuelta y leo "gestor del dia de la madre en Peru". La del bueno de Carlos Alberto tiene que ser la mas simpatica de todas las plazas, me pongo a pensar en la que debio haber sido su cruzada incansable contra los hijos menos agradecidos, la emocion de Carlos Alberto cuando se entero que el segundo domingo de mayo siempre caeria domingo, el orgullo de su mama y su abuela cuando se enteraron de que le dedicarian un busto dorado al borde del mar, las preguntas que se deben hacer los psicoanalistas corredores que se tropiezan, como yo, con el busto de oro al Edipo peruano. Otra vuelta a la estatua, me memorizo el nombre de Don Izaguirre para poder googelearlo y corro de vuelta al hotel. De alli salgo para Polvos Azules (prueben el link en la foto del costado), la Somalia de la propiedad intelectual, un mercado inmenso -infinito- donde por algo mas de un dolar (antes del regateo) pueden comprarse casi todas las peliculas del mundo, una suerte de biblioteca de Alejandria en los Andes, carpetas y carpetas de peliculas imposibles de conseguir, documentales que alguna vez vi en festivales o en algun cine autista, pasillos y pasillos de las peliculas que acaban de salir (y tal vez de las que estan por salir), uno nombra un titulo y a la respuesta de "ya pues" sale el vendedor corriendo a conseguirla en el laberinto de tienditas, al rato vuelven con la pelicula en la mano listos los search engines humanos para salir a conseguir la proxima. El almuerzo en La Mar con mi amigo Ariel, mi vecino/hermano de puerta a puerta en Caracas; pido y me como todo el cebiche del mundo (mientras pienso en el que pedire manana), una buena conversa como ocurre siempre que nos vemos, hablamos sin parar de anteayer, hoy y pasado manana. La tarde para pasear calmados y hacer digestion, para prepararme para la cita a las 8.30 en el restaurante La Gloria -valga la redundancia- mi lugar favorito en Lima, la chita, el pisco, el pato, el pulpo.....estoy seguro que manana si corro un poquito mas lejos por el malecon de Miraflores tengo que tropezarme con el busto del ilustre senor a quien se le ocurrio "gestar" la fundacion de este maravilloso restaurante.

lunes, 11 de enero de 2010

Cartagena; mamey, nispero y zapote

Asi es, mamey, nispero y zapote (los tres primos hermanos) en una vasija de plastico al borde de la calle bajo la sonrisa de la mulata que los vendia. Y nosotros felices, pero no sorprendidos, de encontrarlos en el eden de frutas tropicales que son las aceras de Cartagena. Vasos de patilla, coco, mango, papaya, solos y mezclados, de la mano de vendedores ambulantes en cada esquina de la feria peatonal que es Cartagena. Y nosotros que salimos a pasear -casi al mediodia luego del remojo de rigor en la piscina- sin itinerario, a la izquierda o a la derecha dependiendo de donde nos llevara la mirada, asomandonos a los patios de las casas coloniales, curioseando (me gusta esa palabra), echandole un vistazo al fabuloso claustro tropical de la iglesia de San Pedro Claver abarrotado de vida vegetal, maravillosamente desordenado, verde simpatico. Y luego la piscina del hotel Santa Clara (de nuevo) al ritmo de los mojitos que de vez en cuando nos traian los calmados mesoneros. Esa noche algo de musica en un restaurant muy cerca para luego retomar la exploracion del caracol de calles de la ciudad. Nos toco tratar 5 cajeros automaticos, como un colibri capitalista, para poder sacar algo de dinero para ir a escuchar musica sobre la muralla muy cerca del mar. Tarde, muy tarde, caminamos de vuelta a nuestro hotel donde nos tropezamos con Garcia Marquez, que nos habia relevado en las artes del mojito. Y luego, doce horas despues y 70 grados de temperatura mas bajo, me encuentro en Newark leyendo el Otono del Patriarca (sin autografiar) y tomando agua de coco envasada.

miércoles, 6 de enero de 2010

Arroz con coco, sol y playa

Balsillas, a unas cinco horas de Mompox, es el nombre de una franja de la costa colombiana donde los paisas (la gente de Medellin) hacen castillos de arena, se asolean y pescan. Luego de cruzar el Magadalena en un ferry de esos de antano, tomandole fotos a una gallina viva que colgaba de la mano de una co-pasajera, tomamos la carretera a Rincon, un pueblito en un rincon del litoral. Dos paradas, una para echar gasolina y otra para tomar agua de coco, y ese aroma a salitre, el calor y el olor de la playa que trae recuerdos de mis temporadas en Puerto Azul, alla en la prehistoria. Nos estamos quedando en una casa en la bahia, el mar se escucha desde la cama, estamos a diez pasos del agua, rodeados de almendros y arboles de uvita de playa. Una franja de arena larga perfecta para caminatas a cualquier hora del dia, al volver a la casa jugo de guayaba, granadillas, pescado fresco y arroz con coco. Mucho tiempo de hamaca, paseos en lancha, persecuciones de cangrejos en la noche con los primitos de Xandra, picadas de mosquitos, islotes llenos de manglares y pajaros por doquier. Hoy un campeonato de pesca en lancha y yo, suerte de principiante dicen, pesco una barracuda de 4 kilos a los tres minutos de lanzar la carnada. Luego de una campana de 7 horas (viva el dramamine) volvemos con 15 kilos de omega 3 y mucha hambre. Atras quedaron los dias del bagre frito, aqui comemos carite delicioso, jurel, sierra y arroz con coco (arepa de huevo de desayuno). Hoy visite un acuario (lo que queda de el) en una isla donde la atraccion principal es un avestruz que se llama Paco, no es dificil imaginarse los pocos peces que quedan, que se han salvado del hambre de los que los cuidan. Manana tiempo de hamaca y mas manglares -esta vez de noche para ver como brilla el plancton- y el sabado Cartagena colonial, ultima parada antes de volver a Nueva York

sábado, 2 de enero de 2010

En Mompox sano, salvo y acalorado

Mompox es de esos lugares que quedan cerca en distancia pero muy lejos cuando se les quiere llegar. Una cadena interminable de trasbordos hasta que, de repente, nos encontramos en un oasis de arquitectura colonial en medio del Magdalena. A las 630 de la manana llegue al aeropuerto en Bogota para tomar mi vuelo a Monteria. Luego de 50 minutos de vuelo,valga decir que era el unico rubio en el avion, aterrizamos en un pequeno aeropuerto de provincia donde todo el mundo pareciera que esta a punto de tomar una siesta. Mucho calor y luz. A las 8.30 de la manana salgo del terminal y comienzo a negociar con los taxistas pronunciando con mi mejor acento caribeno para asegurarme que no me den la tarifa de gringo. El colectivo a Sincelejo, 4 veces mas barato y 9 veces mas apretado, esta a punto de salir asi que me animo y me monto. Casi dos horas despues, con la pierna algo adormecida, me avisa el chofer que hemos llegado y que tengo que tomar otro colectivo a Magangue. Me compro una mano de bananas y me monto en el asiento de atras de un colectivo pequeno y destartalado con dos cornetas inmensas detras de mi cabeza muy cerca de mi oido malo (el carro esta tan oxidado que si me corto me puede dar tetano). Una hora y media a Magangue. En Magangue me dejan a orillas del rio donde me toca tomar una chalupa (la version maritima del ultimo colectivo) que por 3 dolares me llevara al pueblo de Bodega a media hora rio abajo. Con mi salvavidas puesto y sin moverme mucho -el bote se balancea bastante- disfruto del paisaje, de los cientos de garzas al borde del rio y un cielo azul azulisimo. Al llegar a Bodega hay que tomar otro colectivo hasta Mompox, 1 hora de camino por una carretera a veces pavimentada a veces no. Para ese momento ya he entablado conversacion con Fabricio, mi companero desde Sincelejo, un senor de 56 anos que viene a visitar a su mama en Mompox y a quien ya le regale dos de mis bananas. Fabricio me cuenta que le ha ido bien en la politica, que desde hace dos anos tiene un buen trabajo de vigilante nocturno en la alcaldia de Sincelejo, que una vez al ano visita a su mama, que el nunca se enferma de gripa, que el de pequeno comia mucha yuca y bagre, que su esposa es del mismo pueblo, que Bogota es muy grande, que el aeropuerto de Mompox lo van a abrir pronto, que no deje de visitar el cementerio y que no me pierda el bagre frito. Nos despedimos justo antes de entrar al pueblo "feliz ano" me dice y me sonrie sudado (todos estamos sudados). Seguimos por unos 15 minutos mas hasta que me encuentro frente al Hostal de Dona Manuela. Entro y me dicen"bienvenido senor Grunberg", como si fuera el unico rubio que ha visitado Mompox desde que O´Leary paso por aqui con Bolivar camino a Santa Marta. Xandra y su hermano no han llegado, vienen de Medellin en carro, asi que dejo mis cosas y me voy a pasear. Mompox tiene tres calles: la primera, la del medio y la de atras. Me voy a la primera, al borde del rio, y me siento a comer en un restaurante que recomienda mi guia. Me toca una mesa al lado de Anokye, un frances que lleva semanas viajando por Colombia sin afeitarse. Pido el bagre, el no, y (sudados) nos ponemos a hablar sobre itinerarios y lugares secretos en Argentina, Bolivia y Peru. De alli salgo a pasear y tomar fotos, me siento a hablar con Elizabeth, una senora de 80 anos que todos los dias se mece frente a su casa de 2 a 6. Me cuenta que sus abuelos contaban que sus padres (los bisabuelos de Elizabeth) contaban de cuando Bolivar visito Mompox. Me recomienda que coma bagre y me explica como llegar al cementerio (ya a estas alturas estoy ubicado, son tres calles despues de todo). Fundada en 1537 y nombrada asi en honor al cacique vencido, Mompox fue la primera ciudad en Colombia en unirse a la causa independentista. "Si a Caracas le debo mi vida a Mompox le debo mi gloria" dijo Bolivar para quien la ciudad siempre ocupo un lugar muy especial. Por mucho tiempo Mompox fue punto de paso en la ruta de Cartagena a Bogota hasta que el exceso de sedimentacion hizo que el brazo del rio Magdalena que pasa por Mompox dejara de ser navegable. Alli se detuvo el tiempo, la siesta ha durado mas de un siglo. Sus hermosas iglesias (Santa Barbara, Concepcion, San Francisco, San Agustin....) se entretejen con las plazas, los balcones, las casonas coloniales y el cementerio blanco. Mucho sol y artesania, paredes descoloradas, pocos turistas y buen bagre.

jueves, 31 de diciembre de 2009

Jueves de resurreccion

Asi es, luego de un largo silencio -causado primero por impericia tecnica que luego se transformo en frustracion y al poco rato en desidia- vuelvo a estas andanzas de cronista de viaje, de cuentacuentos de camino, resucita mi blog. Manana salgo para Mompox, Santa Cruz de Mompox, a orillas del rio Magdalena Colombia adentro. Mompox, dicen, es uno de esos lugares detenidos en el tiempo, momificado en su apogeo, pasmado de repente cuando -casi sin darse cuenta - dejo de ser parada obligatoria entre la costa y Bogota. Por mucho tiempo me intrigo su historia y ortografia, la idea de un lugar olvidado, una suerte de Samarkand tropical en la ruta de la seda de Colombia. Alguien hace anos en Colombia la nombro: "yo nunca he ido pero me dicen que es muy bonita" y a partir de ese momento otras tantas veces la han repetido siempre con la aclaratoria de "yo no he ido", uno de esos lugares donde un amigo de un amigo fue y luego nos conto que era pintoresco. Asi que me parecio un buen paseo de ano nuevo. Salgo manana, para llegar vuelo a Bogota, a la manana siguiente un vuelo a Monteria y de alli a Magangue via Sincelejo. En Magangue una chalupa, que no se muy bien que es pero que supongo cruza el rio, y luego un taxi a Mompox a descansar del largo viaje en una mecedora Momposina (vean la foto).
P.S. Valga la aclaratoria de que la impericia tecnica sigue y explica el desorden de las fotos al costado...

martes, 15 de julio de 2008

25 horas en Montevideo

Uruguay ocupo siempre un espacio, no muy grande ni prominente un rinconcito mas bien, en mi imaginario. Uruguay fue siempre un punado de cuentos sordidos de Horacio Quiroga, dos mundiales de futbol alla en la prehistoria del deporte, Onetti y Benedetti, y sobre todo Adrian Liberman, ese amigo de mi hermano que hablaba como argentino sin serlo y que parecia haberse leido todos los libros del planeta. Uruguay quedo por mucho tiempo asi, un pais detenido en el tiempo con apenas 3 millones de habitantes, una geografia plana planisima -contaba Adrian- donde el pico mas alto tiene 500 metros, un vecindario calmado de Buenos Aires del otro lado del Rio de la Plata. Y de repente, de la noche a la manana, los vientos cambian y Uruguay pasa a ser el "plat du jour" el nuevo ombligo en mi mundo de negocios. Asi que con toda la premura del caso me enfilo (contento) hacia Montevideo. Despues de todo es uno de los cuatro paises (sin contar las invisibles Guayanas) que no conocia en el continente. En las ultimas dos semanas he visitado ya dos veces la Republica Oriental del Uruguay (vaya nombre!), y comienzo a familiarizarme con las calles de Montevideo, capital modesta, suerte de ciudad-estado. Es un pais, como dice todo el mundo, detenido en el tiempo y envejecido, el unico en America Latina donde cada ano nace menos gente que la que muere y emigra.
Mi hotel, el Radisson, esta en la Plaza de Independencia donde esta enterrado el bueno de Artigas, una plaza pequena bordeada por el Teatro Solis y dos o tres palmeras. Muy cerca esta un malecon largo larguisimo - "no es mar, es rio" me aclara el taxista- donde casi nunca hay trafico. Es domingo, me voy a pasear por la ciudad vieja y luego a Punta Carretas, una vieja carcel convertida en centro comercial. Alli compro mas libros en una libreria divina -descubri Adrian que aqui tu eres apenas uno mas- y ceno bife con morcilla y chorizo y el panqueque de rigor mientras me juro a mi mismo (con los dedos cruzados) que ire a correr por el malecon a la manana siguiente. El lunes, entre reunion y reunion de trabajo, logro hacer una visita fugaz al museo de Joaquin Torres Garcia, pintor y juguetero, maravilloso pintor y juguetero. No solo quedo fascinado con sus cuadros, sino con Manolita Pina, su esposa catalana que vivio apenas 111 anos (como para confirmar que en Uruguay se envejece bien).
Y de alli corriendo a otra reunion para luego ir al aeropuerto ("este es el Rio de la Plata, no el mar" me vuelve a advertir el taxista). Una pequena escala en Buenos Aires -suficiente para comprar alfajores- y luego NY. Al aterrizar me doy cuenta que me he olvidado de preguntarle al taxista donde fue por fin que nacio Gardel.

sábado, 12 de julio de 2008

It is Winter Here!

It just happens that when I open my eyes the first couple of seconds (five perhaps) I wonder: "Where am I?" Yesterday it was Taltal in the north of Chile, the night before La Serena, and 24 hours earlier Lanchile... Today I woke up with the wonderful view of the Andes, the mountain chain covered in snow. It made it easier for me to remember that I am in Santiago de Chile. We all become so "northcentric" that everybody I speak to back in NY is amazed when I tell them that down here is cold and that the hotel lobby is full of excited skiers. I hesitate: "should I go skiing?" but I quickly decide that I rather avoid an injury (I should not forget that I am a very tropical skier who saw snow for the first time when I was 17). A good lunch always trumps exercise, I hail a taxi and ask him to take me to the "Mercado Central" where the strangest creatures from the Pacific come to rest. "Donde Augusto" is the name of the restaurant, what a place, right in the middle of the market a stone's throw away from the fishmongers, strategically located in the middle of the action. I sit down and, as usual, I order the signature dish the "Don Augusto platter" a huge sampler of delicacies (not too kosher I have to admit). A good beer, lots of lemon, and I am ready to plunge myself into what looks more like a Cousteau documentary than a local dish. Several kilos later I leave the restaurant and head to my next stop: "La Chascona", Pablo Neruda's home in Santiago. My guide, an affable long haired student with a UCV look, took us (me and three Brazilians who did not understand a word of Spanish) around every corner of the house where Matilde Urrutia lived until her death in 1985. Extravagant furniture, a colorful hopscotch of objects from around the world surrounded by paintings from his friends and contemporaries (Matta, Mario Carreno and even a Feliciano Carvallo). A more or less accurate reconstruction that Matilde undertook after the house was vandalized in the midst of the coup in 1973. A picture of Neruda and a young Marcel Marceau caught my attention, Neruda and Marceau, verbosity and silence, embraced and smiling. By coincidence today is July 12, the day Neruda was born 104 years ago and here I am, in a sort of pilgrimage with my new Brazilian friends, up and down the stairs digesting a trove of eyes, claws and antennas in Neruda's home. From la Chascona I go for a little shopping (some books, a sweater -yes, I also forgot it was winter down here-) and alfajores of which I cannot have enough.
Tomorrow Uruguay and Tuesday New York.