En Madagascar una tarde hace ya tiempo

En Madagascar una tarde hace ya tiempo
no, no soy yo

lunes, 7 de febrero de 2011

El "Zvuv" de la Ciudad Perdida en la Sierra Nevada de Santa Marta

Teyuna


 Mi papa, que siempre vivio en un consome de idiomas (hebreo, yiddish, espanol y rumano con el aderezo de unas cuantas lenguas mas) tenia muchas expresiones coloridas que, al menos en nuestra casa, eran parte de una lingua franca que todos entendiamos.  Cuando, por ejemplo, a uno se le metia una idea en la cabeza, una de esas ideas que revolotean sin parar y que no encuentran la salida, mi papa nos decia que se nos habia metido un "Zvuv" en la cabeza.   "Se te metio un zvuv" nos decia con su acento fuerte senalandose con el dedo en la sien, y al rato aclaraba: "Zvuv es mosca en hebreo".  Yo, todavia pequeno, me imaginaba un mosquito gigante, trompudo y zumbon dando vueltas en mi cabeza, pegandose golpes contra el craneo como las moscas esas que testarudas o cegatonas se daban contra los vidrios de nuestro apartamento.  Me preguntaba, sin poder encontrar la respuesta, como era que entraban los zvuvs, cuando y por donde.  Esta, la de la Ciudad Perdida, es la historia de un Zvuv.

    Hace anos, en 1996 o 1997,  durante una pausa en una reunion de trabajo en Colombia (una de las muchas para tomar cafe y agua aromatica) alguien comento sobre una ciudad precolombina perdida en la selva de la Sierra de Santa Marta, una ciudad que como Machu Pichu habia permanecido bajo la vegetacion por varios siglos y que apenas habia sido descubierta a comienzos de los anos setenta.  Venir yo a encontrar tamana mosca en una reunion de trabajo con Texaco en Bogota.  Aguijoneado, mi atencion totalmente cautiva, comence a interrogarlos sobre el lugar.  No sabian mucho, ninguno de ellos habia ido, ninguno de ellos tenia la intencion de ir, ninguno de ellos conocia a nadie que hubiera ido. Alguien habia leido sobre el lugar, tal vez unas fotos, habia escuchado que saqueadores de tumbas la habian descubierto en medio de la selva.  Sin darme si quiera cuenta el Zvuv habia entrado y aleteaba feliz en algun rincon de mi meninge.  Era comprensible que nadie quisiera ir, a finales de los anos 90 la Sierra Nevada de Santa Marta, como mucho otros lugares de Colombia, formaba parte de ese pais paralelo donde la guerrilla (las FARC y el ELN), los narcotraficantes y los paramilitares se paseaban a su antojo.  La Sierra Nevada era en ese entonces, y lo fue por muchos anos, una zona de produccion de marihuana y coca.   Les propuse ir a visitar Teyuna, que asi se llama la ciudad, pero no me tomaron en serio.  La idea era aun mas descabellada viniendo de un mono ojisarco como yo (rubio de ojos azules),  casi que el rehen ideal.  Hasta ese momento mi unico contacto con la Sierra Nevada habia sido muy fugaz, unos minutos una tarde de 1991 asomado por la ventana de un vuelo de Viasa (QEPD) que iba de Caracas a Cartagena.  El piloto, ilustrado el, nos comento que era la montana litoral mas alta del mundo y yo, que tenia la suerte de estar sentado del lado que era, me quede hipnotizado viendo los dos picos gemelos y nevados (el Cristobal Colon y el Bolivar, los mas altos de Colombia con 5770 metros de altura).  Al salir de la reunion en Bogota presenti que seria dificil deshacerme del Zvuv, era inevitable ir a la Ciudad Perdida.


   Fue finalmente este octubre que decidi organizar la excursion.  El ultimo incidente en la zona habia sido en el 2003 cuando un grupo de turistas, la mayoria de ellos israelies, fueron secuestrados por el ELN mientras visitaban la Ciudad Perdida.  112 dias despues fueron liberados.  Hice averiguaciones con amigos colombianos, con la poca gente que conoce el lugar, lei libros de viaje y blogs, pesquisas en you tube y noticias de periodico.  Todos parecian coincidir en que era seguro hacer el paseo.    Le escribi a unas tres agencias de viaje locales y solo una pequena ubicada en Taganga, un pueblo de pescadores no lejos de Santa Marta, me respondio.   Hable con Fanny la duena de Magic Tours, me explico sobre el viaje, me dijo que podia hacerse en cinco dias y cuatro noches, y me confirmo que habia cupo para enero. Colgue el telefono y comence a reclutar viajeros: 

Yo: "Es un viaje por la montana, de excursion durmiendo en hamaca, varios dias en la selva hasta llegar a la Ciudad Perdida"
Ellos: "Adonde?"
Yo: " A la Ciudad Perdida, una ciudad que descubrieron hace poco en Colombia.  Es como Machu Pichu"
Ellos: "Por que no vamos entonces a Machu Pichu?"
Yo: "La Ciudad Perdida es mas bonita, el camino es mejor"
Ellos:  "Es seguro?'
Yo: "Claro"
Ellos: "Estas seguro que es seguro?"
Yo: "Claro" -con mi voz mas convincente- "Yo voy a llevar mi pasaporte venezolano, por si acaso"
Ellos: "Y es canson?"
Yo: "Cualquiera puede hacerlo" (contestaba de buena fe, no sabia yo lo exigente que iba a ser el viaje desde el punto de vista fisico")
Ellos: "Hay banos?"
Yo: "No"
Ellos:  Adonde se vuela?
Yo: "A Barranquilla y de alli manejamos a Santa Marta" 
Ellos: "Y como le explico yo a mi esposa?"
Yo: "Dile que es solo por cinco dias, que va un gentio"
Ellos:"Quienes mas van?"
Yo: "Te dije que un gentio"
Ellos: "Conoces a alguien que haya ido?"
Yo: "No"

Las llamadas terminaban con un sermon mio sobre lo fugaz de la vida, sobre la importancia de compartir con amigos, distintas versiones de una filosofia profunda que finalmente resumia con "a nadie le quitan lo bailao".  Avisame, les decia a la manera de los infomercials, que solo hay cupo para 12 y se esta llenando.  Para mi sorpresa 8 personas confirmaron: mi hermano y mi cunada, mi sobrino, mi primo Jose, el esposo de mi prima Maguy, mi sobrino mayor, una amiga cercana de mi primo,  Meyer un amigo de la infancia que vive en Bogota y Phil, un amigo americano a quien no habia visto en casi 12 anos.  Sospecho que el vinculo familiar ayudo a persuadirlos.  Phil era, sin lugar a dudas, el mas valiente.  Unas semanas antes del viaje la amiga de mi primo cancelo, se doblo el tobillo persiguiendo pajaros de colores en Papua Nueva Guinea.  Eramos 8 conmigo.  

Luego de un fin de semana maravilloso con Vanessa en Cartagena (ya viene esa entrega del blog) sali rumbo a Barranquilla a recibir a mis amigos en el aeropuerto. Estaba yo impaciente esperandolos con esa emocion que se siente al comienzo de los viajes.  Salieron sonrientes y limpios con sus mochilas al hombro.  Nos saludamos con un abrazo y todos a la camioneta por una hora y media hasta Santa Marta.  Llegamos al hotel, una pequena casa colonial en el centro de la ciudad que, en un derroche de creatividad, se llama La Casa.  Lo reservamos solo para nosotros.  Esa noche tuvimos una cena maravillosa de platano con berenjena y robalo.  Teniamos que levantarnos a las cinco y media  de la manana para salir a la Ciudad Perdida.

Teyuna, que es el nombre indigena de la Ciudad Perdida, fue uno de los centros rituales  mas importantes de la civilizacion Tairona y una de las ciudades precolombinas mas grandes de America.   Al llegar los espanoles hacia finales del siglo XV a las costas del atlantico colombiano se encontraron con una cultura muy avanzada descendiente de los Chibchas que habia surgido alrededor del siglo V  DC.  Los Tairona habitaron, y sus descendientes habitan aun, la Sierra Nevada de Santa Marta, una zona de  alrededor de 17.000 kms2 (un poco mas pequeno que Israel o New Jersey) que abarca casi todos los ecosistemas, desde playa y desierto hasta paramo y cumbres nevadas pasando por bosques y selvas.  Por casi 75 anos convivieron pacificamente las dos culturas hasta que en 1599 tuvo un lugar un enfrentamiento que culmino con la captura y ejecucion  de varios caciques importantes y la derrota militar de los taironas (para ponerlo en contexto, los Aztecas y los Incas se rindieron a los espanoles en 1521 y 1532 respectivamente, casi setenta anos antes que los Tairona).  La poblacion indigena que sobrevivio se interno alto en la sierra y perdieron todo contacto con la civilizacion hasta que en 1875   la iglesia, por intermedio del padre Celedon, intento convertirlos sin mucho exito.  Los Arsarios y los Kogis, descendientes directos de los Tairona han conservado casi intacta hasta nuestros dias sus costumbres, idioma y modo de vida. Los dos grupos, que hoy no llegan a 10.000, son la unica alta civilizacion precolombina que ha sobrevivido, visitar Teyuna es como visitar Machu Pichu y encontrarse con Incas viviendo en sus alrededores!  Teyuna, que significa Madre Naturaleza, fue construida en la ribera del rio Buritaca entre el siglo XI y el siglo XIII, varios cientos de anos antes que Machu Pichu, y albergo unas 5.000 personas en su momento de mas esplendor.  Teyuna, lo que se visita de ella, es tan solo un 30 por ciento de la ciudad, el resto sigue bajo la selva.  Se calcula que hay varios cientos de poblaciones similares que aun no se han descubierto.  La mayoria de los Kogis viven en lugares remotos de la sierra que muy rara vez son visitados por personas ajenas a las comunidades.



Comienzo de la excursion

A las cinco y media nos despertamos, a las ocho nos montamos todos (con nosotros vinieron Fanny la duena de la agencia de viajes y su hermana Angelica) en un toyota destartalado y salimos rumbo a San Lorenzo, el caserio donde comienza la caminata.  Nuestro chofer, Fidel, hizo una parada  en el camino para echar gasolina.  "Es la bomba de gasolina de Chavez" nos dijo mientras alguien salia a atendernos de detras de un arbol con una gavera de botellas de refresco llenas de gasolina contrabandeada de Venezuela. Quien iba a imaginarse que nuestro paseo iba a ser patrocinado por el gobierno bolivariano, si se enterara Bolivar que murio en la quinta de San Pedro Alejandrino a unas pocas cuadras de la gasolinera furtiva.  Quien sabe, pienso que probablemente estaria complacido de ver como nos ayudamos en lo que queda de la Gran Colombia.  Almorzamos en San Lorenzo y a caminar por un sendero maravilloso, verde y vegetal.  Ese primer dia visitamos un pequeno pueblo Arsario (Wimake se llama) no lejos de un rio al pie de una ladera.  Entramos con permiso del Mama, que asi se llaman los sacerdotes, y conversamos con el.  En el pueblo viven unas 150 personas aunque ese dia solo vimos a unos pocos porque en su mayoria estaban trabajando los conucos.  Los Arsarios son, comparados con los Kogi, la tribu mas pequena (unos dos o tres mil hoy en dia).  Son descendientes directos de los Tairona, se visten de blanco y llevan sombreros de ala ademas de su mochila y el poporo de rigor.  El poporo, que aparece en la mano del Mama en la foto, es un instrumento de calabaza donde guardan conchas de mar pulverizadas que mezclan con la hoja de coca para acentuar su efecto de la droga.  El poporo lo reciben los hombres al llegar a la mayoria de edad y lo usan toda la vida.  La saliva que queda en el palito con el que untan la cal la limpian en el exterior del poporo dejando una fina capa amarilla que se va calcificando con el tiempo.  Mientras mas anos tenga el poporo mas gruesa la capa.  Hay poporos que llegan a pesar hasta 8 kilos.  Al untarlo producen un sonido que cuando estan en grupo hace las veces de mantra.  Los Mama son quienes controlan la vida religiosa y cotidiana de la comunidad.  Para llegar a serlo deben entrenarse por 18 anos (a veces 36) siguiendo una rutina muy rigida.  Son los Mamas quienes arreglan los matrimonios, resuelven disputas, hacen las adivinaciones, escogen donde fundar los pueblos y transmiten la rica tradicion oral.  Al llegar a la mayoria de edad los jovenes varones deben permanecer despiertos por cuatro dias y cuatro noches escuchando de sus Mamas (que son hombres) la lista de obligaciones que vienen con la adultez. Los Arsarios y los Kogis viven de sus conucos (maiz, yuca, coca, cana de azucar, bananas) y de cerdos y pollos que crian.  No cazan y rotan sus cultivos, viven en estrecha sintonia con su entorno (a la manera de Avatar salvando las distancias).  Les hacemos un regalo, unas cajas de colores para los ninos, y seguimos nuestro camino hacia el campamento de Filo de Cartagena. Quedamos todos pensativos, impresionados, algo perplejos luego haberle echado un vistazo a la America de antes de Colon.  No podemos evitar compararnos con ellos, preguntarnos sobre las virtudes del Iphone y las cremas hidratantes, sobre nuestras preocupaciones y apetitos materiales, sobre nuestros fetiches y supersticiones.

Mama con poporo



De pronto encontramos, ya de tarde, una subida y comenzamos a dispersarnos de acuerdo con el grado de condicion fisica.  Los mas sedentarios (cuyos nombres no seran revelados) se van quedando atras mientras que los mas aerobicos, Leila a la cabeza, llevan la delantera.  Comienza a anochecer, los primeros llegan al campamento y corren a las duchas; los otros, los mas robustos (cuyos nombres no seran revelados) prenden las linternas y siguen avanzando cuesta arriba culpando, algunos, a sus unas y rodillas.  El ultimo llega siempre acompanado de la mano del bueno de Wilson, nuestro guia. Llegamos todos finalmente muy cansados a eso de las 7, nos duchamos, nos embadurnamos de repelente contra los mosquitos y a cenar.  La comida es buena, la "salsa de hambrita" (como decia la abuela de dos buenos amigos) ayuda a que todo nos sepa delicioso.  Nos dan el plan de vuelo del dia siguiente, nos advierten sobre las culebras y alacranes (Phil pregunta por el porcentaje exacto de mordeduras venenosas en los ultimos anos) y nos vamos a dormir la mitad en hamacas y la otra mitad en catres todos en un mismo cuarto.  No tarda mucho para que comience el concierto de ronquidos, todos menos Marcos y Nadav participamos en la sinfonia.  Henry se levantara a las 3 de la manana en uno de los intermedios a comer caramelitos  de esos que vienen envueltos en el papel celofan menos silencioso del hemisferio.  El resto del grupo se lo agradecera de todo corazon, se lo agradecera y se lo recordara durante el desayuno y el resto del viaje. 

El segundo dia comienza con una bajada empinada que nos lleva a un rio transparente y divertido, un rio que nace en la nieve y los manantiales y que va zurciendo el paisaje, una cadena de pequenas caidas de agua y remolinos, una trenza de agua fria.  Nos ponemos nuestros traje de banos, algunos (cuyos nombres no revelare) prefieren banarse en interiores luciendo sus aguacates.  El agua es friisima pero nuestras ganas de banarnos son aun mas fuertes.  Comienza alli la subida mas larga del viaje, varias horas (cuatro o cinco) de camino empinado y lleno de barro, unos treinta Sabas Nieves pegados, todos agotados con los pies y las medias mojadas tratando de adivinar si la proxima es la ultima curva. Jose, con mucho sudor y sin agua, se sienta en el fango a esperar que el proximo que pase le rellene su botella.  "Estuve 18 minutos en el barro" nos dice esa noche, "me sente exhausto y les juro que pense que si venia la FARC y me pedian que caminara les decia que mejor me matan".  No llego las FARC, no hizo falta que Jose se inmolara, llego Wilson (o algun otro con alma caritativa) le dieron agua y al minuto 19 ya seguia mi primo lleno de energia montana arriba comiendo galletas Oreo y comparando cual de las dos rodillas operadas le habia quedado mejor.  Su camara, sudada sudadisima, si murio esa tarde en el charco de barro.  El camino era exigente pero hermoso, salpicado de palmeras de cera inmensas, el arbol nacional de Colombia, y millones de otros arboles frondosos que nosotros en nuestro analfabetismo botanico no podemos nombrar.  En los claros se veia el espinazo de la cordillera y los verdes de mil tonalidades, las verdaderas esmeraldas de Colombia.   Se acaba la subida, comienza una bajada y luego un camino muy lindo de sombras y helechos que lleva desde Paraiso hasta el campamento de los Altos de Mira, un punado de chozas en un antiguo pueblo Tairona al borde de la montana con una vista de esas que los gringos dicen nos roban el aliento.  Al llegar, a cuentagotas, los mas atleticos de primero y los menos entrenados atras, nos esperaba una sopa de verduras inolvidable que Freddy, el cocinero, nos preparo.  Alli, comiendo sopa y tomando whisky, compartimos nuestras penurias mientras contemplabamos el maravilloso paisaje.  La vista desde la ducha al aire libre era inmejorable, el barro en los zapatos imposible de limpiar.  Marcos nos veia a todos apoyado en un palo que habia encontrado en el camino, cansado preguntandose por que no estudio podiatria en vez de nefrologia.  Meyer, siempre vestido impecablemente en su ropa Acadia, nos advierte que solo trajo dos camisas y que lamentablemente la otra no se seco (http://acadia.com.co/acadiacolombia/tienda/tiendas.asp).   Esa noche jugamos cartas, nos inyectamos voltaren, tomamos motrin, nos untamos desitin, cenamos sabroso y nos fuimos todos a roncar felices, a sonar con Teyuna y, algunos de nosotros (al menos Jose y yo), con las Oreo del dia siguiente. 
Altos de Mira

De Altos de Mira salimos muy temprano luego de ver un fabuloso amanecer rumbo al rio Buritaca y la Ciudad Perdida.  "Es una subida un poquito empinada, luego vienen unas bajadas lisas, alli se pone mas descansadito, al final llegamos al rio Buritaca donde nos podemos banar".  Todos escuchabamos con escepticismo la descripcion de Wilson tratando de entender el verdadero significado de "empinada", "lisa" y "descansadito", preguntandole cuantas horas "en tiempo nuestro" nos tomara llegar, envidiando la ligereza con la que los tres Arsarios que nos acompanaban subian y bajaban con nuestras mochilas a sus espaldas, dandole animo a nuestras rodillas y tendones. "Hoy ascenderemos para arriba por un rato y luego ascenderemos para abajo" nos aclaraba Wilson. Fueron 7 horas de caminata (otra vez) con una parada larga en el rio para almorzar.  El agua como siempre fria y divina, esta vez nos banamos en interiores o con la ropa que llevabamos puesta, cada vez menos preocupados por el glamour.  En este viaje nada de lo que llevabamos puesto se secaba.    Para el tercer dia todos, aun los mas precavidos, teniamos las piernas cubiertas de picadas de mosquitos, garrapatas, pulgas y afines.  El agua que tomabamos, que los dos primeros dias fue mineral en botella sellada, ya era de rio ("vale madres", le decia yo a Marcos, en realidad a el ya ni le importaba).   Tarde esa tarde llegamos al campamento que queda cerca de la Ciudad Perdida, por primera vez no estabamos solos, en este campamento habian unos 30 o 40 turistas de todas las nacionalidades (de casi todo menos colombianos).  Nuestra llegada subio por lo menos unos quince anos el promedio de edad del campamento, unos quince anos y unas cincuenta libras.  Colgaron nuestras hamacas, cenamos (todos con mucha hambre menos una que perdio el apetito) y nos acostamos a dormir, a roncar felices sonando con Teyuna y (al menos yo) con la Nutella que Henry habia traido.  Esa noche los ronquidos pasaron desapercibidos por el ruido del rio a nuestras espaldas, un cancelling noise natural a la manera de los audifonos Bose, decidimos que los proximos viajes podrian (o deberian) ser a Iguazu, el Niagara o el Orinoco.  Marcos lleva tres noches sin dormir (ya no deja su palo, Henry le insiste que con un poco de practica y fe puede abrir las aguas del rio Buritaca).

"Vienbenido a la Cabana Teyumake"


                        
    Salimos temprano a la Ciudad Perdida.  Cruzamos ese dia el rio unas 10 veces hasta llegar a un recodo, a mano izquierda se ven unos escalones de piedra.   A este punto llegaron en 1972 los primeros guaqueros, cinco dicen que fueron, y subieron al Infierno Verde - uno de los primeros nombres con el que bautizaron a Teyuna-.  Por dos anos fueron y vinieron cargando el oro Tairona que encontraban en el Infierno.  Lo vendian en Santa Marta, despilfarraban el dinero y volvian a buscar mas.  La orfebreria Tairona es tal vez la mas elaborada de Colombia y una de las mas acabadas de toda America.  El Museo del Oro de Bogota, parada obligatoria, tiene una coleccion impresionante.  Alrededor del ano 75 comenzaron a pelearse los guaqueros entre si, hubo muertos, y Frank Rey, uno de los cinco guaqueros originales que aun vive y a quien apodan "El Abuelo" vendio al gobierno colombiano la localizacion de la Ciudad.  Fue entonces cuando el Instituto Colombiano de Arqueologia junto con el ejercito tomaron control del lugar.  Decomisaron algunas de las piezas que habian encontrado los guaqueros y comenzaron los trabajos de excavacion y reconstruccion.  Wilson, nuestro guia, trabajo con ellos por siete anos en Teyuna.   Son casi 1900 escalones de piedra hasta la cima (quien los habra contado), todos perfectamente colocados, una escalinata al cielo rodeada de verde, un ascenso mistico entre un laberinto de ruinas, nos imaginamos como habra sido en todo su esplendor hace 400 anos, los colores, olores y sabores, los Tairona subiendo y bajando atareados, todos en total sintonia con la naturaleza que los rodeaba.  Subimos poco a poco, boquiabiertos, cuesta entender como construyeron la ciudad (no conocian la rueda ni tenian animales de carga), cada tanto hay estructuras circulares de piedra donde una vez hubo chozas de madera (unas 170 terrazas mas o menos).  En el camino nos ensenan un antiguo mapa de piedra que muestra Teyuna como una ciudad mas en una red inmensa de caminos y poblaciones que se extiende por toda la sierra.  Cuantas Teyunas habra todavia durmiendo en la selva?  Hasta donde llegara la telarana de escalones?    Las excavaciones se detuvieron a peticion de los indios a mediados de los anos ochenta, de la propia Teyuna apenas se ve un 30 por ciento.  "Alli hacia la derecha a cuatro horas de camino de piedra" nos dice Wilson "hay otra ciudad Percolombina" (si, Wilson dice Percolombina).  Para los Kogi y los Arsarios Teyuna sigue siendo un lugar sagrado al que vienen a hacer ofrendas y rezar.    A tres cuartos de camino nos encontramos con los primeros soldados, hay un destacamento permanente en Teyuna, unos diez militares bien vestidos y aburridos que posan contentos para las fotos.  "No, aqui no hay guerrilla" nos dicen, ninguno de nosotros (ni siquiera Phil) les pregunta por las culebras.  Seguimos maravillados, el centro ceremonial son tres circulos inmensos inmensos rodeados de escaleras y estructuras de piedra.  Es paisaje a ambos lados, la ciudad es estrecha, es espectacular; palmeras inmensas, una catarata que cae y todo el verde del mundo.  La temperatura es perfecta, el cielo muy azul, se nos olvida el cansancio.  Vamos todos vestidos con una camisa blanca que Henry diseno (parecemos un grupo evangelizador o un paseo de fin de curso de weightwatchers), nos tomamos fotos, paseamos por las ruinas y bajamos por un camino paralelo impresionados, aun mas, con la cantidad de calles, escalones y edificios que encontramos.  De bajada las escaleras son aun mas hermosas, los tres Asarios que nos acompanan las bajan saltando como hacia yo en mis mocedades con las escaleras de mi colegio (que tenian unos 50 escalones calculo).  Uno de ellos, el de quince anos, nos cuentan que ya se caso y que su esposa acaba de dejarlo.  Tal vez es por eso que baja tan contento.












El valiente de Phil
Calistenia matutina dirigida por Marcos
En este punto, al llegar de vuelta al rio, comienza tecnicamente el camino de vuelta que, como siempre pasa en este tipo de excursiones, se hace agotador.  Hay que recruzar el rio varias veces hasta llegar al campamento donde dormimos.  Alli comemos almuerzo y comenzamos una caminata de cuatro horas, un subibaja interminable, "cuanto falta Wilson?" pregruntamos y repreguntamos a la manera de nuestros hijos mas pequenos.  Una ultima recta antes de llegar con un precipicio a nuestra derecha "Aqui se cayo un israeli" nos cuenta Wilson y nosotros, en ese punto, con pie de plomo y rodillas de plastilina.  Finalmente llegamos al campamento donde pasaremos la ultima noche, un techo de madera donde cuelgan las hamacas y un bano con tres duchas de agua de rio que Leila dice huelen mal.   Siete de nosotros escogemos nuestra esquina para poner las hamacas, Jose prefiere dormir en el set de la pelicula Slumdog Millionaire, en una carpa pequenita en la esquina donde estan los banos y los tendederos de ropa (si mis tios lo vieran).  Esa ultima noche, que era la primera vez en su vida que Marcos dormia en hamaca, fue la mas interrumpida (de hecho Marcos aun no ha dormido en hamaca a pesar de que estuvo en ella toda la noche).  Los ronquidos, la picazon ("Hijo, me pica mucho" decia Marcos toda la noche), el bamboleo de los vecinos (Marcos, el novato, especialmente), todo eso sumado a un perro negro simpatico y pulgoso (Tapete) que decidio dormir bajo mio y que no paro de rascarse toda la noche.   A eso de las dos y media nos desperto la luz de tres linternas y una pelea entre borrachos:  "Donde esta mi navaja?" repetia uno de ellos una y mil veces amenazando a los otros dos y yo, entre asustado y somnoliento,  cruzaba los dedos para que no la encontrara en la hamaca de Nadav mi sobrino.
Donde durmio mi primo Jose




 Enmulados

Cansados y adoloridos pero de buen humor nos despertamos temprano para nuestro ultimo dia.  Sincerados ya, conscientes de la cantidad de acido lactico en nuestras batatas, contratamos unas mulas para que nos llevaran el ultimo dia.  Nadie queria caminar las siete horas hasta el pueblo de Machete Pelao, nuestra ultima parada donde nos esperaba el carro que nos llevaria a Santa Marta.  Fuimos a buscar las mulas, "estan a 200 metros de camino del campamento" nos dijo Wilson.  Varios 200 metros mas tarde, siempre acompanados de nuestra mascota Tapete, nos encontramos con las mulas.  Las mulas son el animal mas inteligente del universo, "ustedes solo agarrense que ellas saben por donde pasar" y nosotros en un acto de fe agarrados fuerte a la silla de montar (algunos con los ojos cerrados) en las bajadas mas empinadas del tropico, las mulas  paso a paso comiendose el camino.  Seis horas con una corta parada para tomar algo preguntandonos como hizo Bolivar para ir y venir a Peru a caballo, sorprendidos de ver que habia otros musculos que no habiamos utilizado y que ahora tambien nos dolian.  Las mulas llegaron, nosotros tambien.  En Machete Pelao comimos pescado frito y tomamos cerveza.  Nos felicitamos, hicimos "high five" y todos al jeep (Freddy, Wilson y Fanny en el techo) dos horas por carretera de tierra justo a tiempo para llegar a nuestro hotel antes de que anochezca.  Esa noche cenamos felices, nos costaba creer que hace apenas un dia, unas cuantas horas, habiamos estado montana adentro paseando por las terrazas de Teyuna,  subiendo la infinita escalera de piedra, remojando los pies en el rio, sentados sobre una piedra viendo una palmera inmensa, riendonos, quejandonos, conversando largo entre nosotros con muchos mosquitos pero sin telefonos ni blackberries, meciendonos en una hamaca, contando chistes, maravillados con la naturaleza y las estrellas en la noche, con el color del cielo y de las alas de ese pajaro amarillo y negro en los Altos de Mira.   Nos fuimos a dormir, todos cayeron rendidos.  Yo, que escuche hace poco en una cena en Lima sobre la ciudad inca de Choquiquerao, tengo un Zvuv en la cabeza que no me deja dormir.



domingo, 23 de enero de 2011

Camila y su papa de mantequilla (en Miami y Aruba)

     Dicen que los hijos, en algun momento durante sus primeros anos, estan convencidos de que sus padres tienen poderes sobrenaturales: Papi vuela, Papi sabe lo que comi con solo ver por mi ombligo,  Papi hace hablar a los peluches, Papi es mas fuerte que Hercules,  Papi quita el dolor con un beso y unas palabras magicas (las mas de las veces con un desentonado y poco original "sana, sana, culito de rana").  Poco a poco, a medida que van pasando los anos, los hijos se van dando cuenta de que Papi salta pero no vuela, de que no es dificil adivinar que comi si siempre almuerzo lo mismo, que hay mejores ventrilocuos, que Hercules, Jose, Luis, Juan, Fernando y todos los que trabajan en el edificio son mas fuertes que Papi, que no todos los dolores se curan con el analgesico de rana.
   Los padres tambien descubren que sus hijos, desde el momento que nacen, tienen poderes sobrenaturales. Desde muy pequena Camila ha tenido, entre otros, el poder de derretirme, de derretirme con solo una mirada.  A diferencia de mis superpoderes, que cada dia me cuesta mas mantener, los de Camila cada vez se hacen mas fuertes, mas misteriosos, mas encantadores.  Basta con que me vea de reojo, con sus ojos azules azulisimos, para que yo -tan grande, tan serio, tan fornido y corpulento-  me convierta en mantequilla.  Este diciembre Camila y su papa de mantequilla fueron de paseo a Miami y Aruba.

    Fue casi una semana y dos escalas: Miami y Aruba; la primera, para que Camila arroje las flores en la boda de mi linda sobrina; la segunda, para nadar, llenarnos de arena, comer chocolate, y jugar  embadurnados de protector solar.   Sobre Miami o Aruba no tengo tanto que contar, sobre Camila, en cambio, podria escribir largo, podria pasar mucho tiempo describiendo su sonrisa de complice o su pelo alborotado cuando se despierta en la manana, haciendo la lista de preguntas que me hace, contando como se encarama encima mio cuando vemos Peter Pan o la Novicia Rebelde (por vez 200!), podria escribir el diario infinito de un papa hipnotizado y mimador.   Por ahora, y para respetar la linea editorial de este blog de viajes, les contare solo de nuestro corto paseo de diciembre.


    Salimos de Nueva York un sabado, un sabado de invierno, al mediodia.  "Papi, la semana que viene todos mis amigos van a estar en clase y tu yo vamos a estar de vacaciones en la playa" me decia Cami con muy poco remordimiento de conciencia. Yo, felizmente desempleado, que pensaba en todos mis amigos trabajando sentados en una oficina, me sentia igual que ella.   "No puedo creer que ya llego el dia", me decia emocionada en el carro camino al aeropuerto mientras hacia el chequeo de todo lo que tenia que llevar: "la cesta de las flores?, mi vestido?, los zapatos? el DVD player con las peliculas? el regalo de Nathalie? la camara de fotos rosada? la mascara de snorkling y el tubo?........."     Luego de unos cuantos "cuando vamos a llegar papi?" aterrizamos en Fort Lauderdale y nos encontramos con mi sobrino Nadav y su esposa Annabella que fueron a recogernos al aeropuerto.  Esa noche Abuelin y tia Esther de Israel con regalos, cena, Baci y Nutella ladrando, postre, algo de tap y hip hop, una (dos, tres...) peliculas de DVD, otro postre, rodeos y pretextos, hasta que finalmente cayo dormida sonando seguro con su prima Nathalie y el vestido blanco que iba a llevar a la boda.

 Ese domingo desde temprano la emocion que se siente el dia de una boda de alguien cercano: llamadas de telefono, arreglos de ultima hora, nosotros y todos los demas algo tarde, hermanos fotografos y sobrinos con flashes, peluqueros conversadores, tortas rascacielos, maquillaje, ganchos de ropa, flores, centros y esquinas de mesa,  Nathalie y Roberto encantadores, la familia sonriente, y Camila practicando el movimiento para arrojar los petalos mientras se acomodaba el cintillo.  Yo acordandome, nostalgia de tio viejo supongo, ese 31 de diciembre de 1986 tarde en la noche cuando metido en una caseta de telefono en Lyon me entere que habia nacido Nathalie.  Parece como si hubiera sido ayer (comentario de tio viejo supongo).


    Llego el rabino, cayeron (al ritmo perfecto) un monton de petalos frente a la novia, hablo y canto el rabino, tomaron vino, intercambiaron anillos,  leyeron contratos nupciales en hebreo, un vaso que estallo, abrazos, mazal tov y una fiesta estupenda.  Musica, flashes, mascaras y plumas, comida y postres deliciosos todo intercalado de muchos "que grande esta Camila!" y de infinito baile.  Nos fuimos a dormir tarde esa noche, Cami sonando seguro con una piscina larguisima y los  misteriosos divi-divis (esos arboles encorvados que le conte hay en Aruba y que se parecen a los baobabs del Principito).


      Los aeropuertos de lugares de vacaciones tienen un olor especial, se sienten distintos.  Se baja uno del avion emocionado, de buen humor, con ganas de llegar muy rapido al hotel y saltar a la piscina.   Camila me dice al bajar del avion que ella quiere disfrutar de "todo lo que Aruba has to offer", yo estoy de acuerdo pero no puedo evitar preguntarme donde escucho ese slogan publicitario.  La gente en el aeropuerto se ve simpatica, nadie tiene preocupaciones, el stress -siente uno- lo confiscan en la aduana.  "Bon bini", nos dijo la senora de inmigracion y a los dos minutos estabamos atravesando Oranjestad en una camioneta vieja camino a encontrarnos con Jessica y Nicole, las primamigas de Camila.   Ya instalados en su apartamento -y embadurnados de protector solar 300- salimos a conquistar la playa del otro lado de la calle.  "Papi, no me sueltes" me implora  Cami cuando nos metemos los dos en el agua a saltar olas mansas, jugamos a la arena movediza, hacemos y deshacemos castillos de arena, nos echamos en la playa a no hacer mucho, abrumados con el dilema de si volver a la playa o ir a la piscina.  Herman y Alfredo, mis buenos amigos, algo mas grandecitos pero igual de encantadores, me llaman para que contemos viejas historias (anecdotas que son como un balsamo magico, un tonico revitalizador).  Entre risas y ganzadas comienza a oscurecer, nuestra proxima tarea era donde cenar.
  Aruba trae recuerdos, memorias de antes del exilio, de la Venezuela amable y de buen clima, de los paseos de fin de semana largo.  Caracas,  a 25 minutos de avion de Aruba, queda a varios siglos de distancia.  Hay ahora menos venezolanos que antes pero todavia se encuentra uno con caraquenos en terapia de recuperacion, desintoxicandose de trafico, de Chavez y del coco de los secuestros express.  Se los encuentra uno en la playa, muchos en el Marriott, tomando Aruba frosties, quejandose de todo, calculando los precios en bolivares viejos,  hablando de donde y cuando piensan emigrar.    Veo a algunos antiguos amigos de bachillerato, jugamos con sus hijos y ellos entre ellos, damos con Camila, Jessica, Emilia y Nicole infinitas vueltas en el lazy river del hotel, a pesar de ello nos piden una vuelta mas.  La rutina de la semana es deliciosamente aburrida: playa y piscina, piscina y playa, piscina y piscina, playa y playa, todas las combinaciones posibles a no mas de 15 minutos en carro. En las noches, de vuelta en nuestro apartamento, bailamos y cantamos disfrazados (ninos y grandes) al son de ABBA y Hector Lavoe.  Las ninas a dormir, los padres un rato mas despiertos contando las mismas historias otra vez, riendonos de nosotros mismos.





     Tal vez porque uno tiende a idealizar el pasado o tal vez porque  en estos anos he conocido muchas otras islas, cualquiera que sea la razon, Aruba me parece menos pintoresca de lo que era, menos "cool", mas congestionada de lo que deberia ser,  atragantada de franquicias,  repleta de familias de New Jersey buscando donde conseguir la proxima sobredosis de calorias.   Hay todavia, supongo, rincones de la isla donde se esconde el carisma, donde se siente el caribe holandes, el ritmo del papiamento.  Pregunto por el puente natural, un puente al norte de la isla que antes se visitaba, y me cuentan que se cayo, que una tarde, luego de miles de anos, llego una ola de mas (pudo haber sido tambien, sospecho, el peso de una familia de esas de New Jersey tomandose una foto).  Se siente un poco como si toda Aruba, igual que el viejo puente, se ha erosionado, que los cruceros y casinos, las legiones de turistas y los nuevos centros comerciales comienzan a doblarle las espaldas. 

   Finalmente llega el viernes y toca volver al frio.  Vamos al aeropuerto ("Papi empacaste mi camara rosada? mis peliculas de DVD? mi mascara de buceo?"), hacemos aduana y muy pronto estamos en el avion viendo peliculas y dibujando (y yo feliz con mi hija).  "El mundo con ser el mundo en la mano de una nina cabe" dice uno de los ultimos versos de uno de los poemas de Sobre los Angeles, un viejo libro del viejo Rafael Alberti que lei hace muchos anos y que hoy,  mientras vuelo con Cami, me viene a la memoria.   Cuando la veo me doy cuenta que el mundo entero, con todas sus complicaciones, con sus playas y rascacielos, con sus confusiones y stress,  con sus sorpresas y aventuras, cabe en la mano de Cami.   Nosotros, los papa de mantequilla, lo sabemos. 

martes, 23 de noviembre de 2010

Dos dias en Paracas (no Caracas)



 Me contaron que no muy lejos de Lima, unas tres horas al sur, hay unas islas donde los lobos de mar se echan al sol y los pelicanos comen despreocupados entre cormoranes y pinguinos mientras los turistas les toman fotos, algo asi como una version de bolsillo de los Galapagos ("el Galapago de los pobres" le dicen algunos).  Asi que reclute a Ariel, mi vecino de Caracas personaje ya legendario de mi blog, para que me acompane (a estas alturas Ariel ya es una suerte de Jean Passpartout y yo algo asi como la version de fin de semana de Phileas Fogg).  A las tres de la tarde un viernes, con Nicanor al volante (un amable taxista ya amigo) nos fuimos al sur a buscar el sol que le robaron a Lima.

   La Reserva de Paracas es un area protegida, la unica reserva marina del Peru, que cubre una peninsula seca sequisima y un punado de islas.   A Paracas se llega por la carretera Panamericana, la misma que dicen va desde Alaska a Argentina -con el hiato del tapon del Darien en Panama-.  El camino bordea el Pacifico y a ambos lados solo hay desierto, desierto y no mucho mas.  Nos dijeron que saliendo de Lima  habia una panaderia estupenda, parada obligatoria en la ruta del sur.   Lamentablemente y a pesar de nuestros esfuerzos, no la vimos ni la olimos.  Decidimos seguir sin escalas hasta nuestro hotel en Paracas.  Pasamos Pucusana, San Vicente de Canete, Chincha ("Chincha es un pueblo de negros, alli bailan buenisimo", nos dijo el mismo que recomendo la panaderia), luego Pisco (todavia saliendo de la resaca del terremoto de hace tres anos), y varios caserios mas, todos iguales, secos, empapelados de propaganda electoral.  El tiempo paso rapido, gracias en gran medida a un espontaneo contrapunteo de chistes mal contados, de historias de Jaimito y otras por el estilo.  Llegando a Paracas, algo perdidos, nos paramos para que algunos miccionaran (en Lima, en la ruta del aeropuerto al hotel Marriott, hay un anuncio en la calle que dice "Prohibido miccionar", a mi -que normalmente no cargo un diccionario- me hubieran metido preso).  Finalmente ya de noche llegamos al hotel, un Starwood de muy buen gusto, piscinas azules y estupendas camas.

   
           Temprano en la manana nos despertamos para hacer el tour de rigor a las Islas Ballestas, las mas accesible de las islas que salpican la costa de la Reserva de Paracas.  Nicanor,  que nunca en su vida se habia montado en barco, nos paso buscando al hotel para llevarnos al puerto (le encanto y no se mareo).  Apenas llegamos nos informaron que el paseo estaba retrasado, que habia que esperar que la neblina se despejara.  Aprovechamos para tomarle fotos a Ariel con el pinguino y para darle de comer a una pareja de pelicanos que, coquetos e indiferentes, se paseaban por la playa.  






      El paseo en bote comienza con una parada frente al Candelabro de Paracas, el famoso geoglifo, una figura cavada en la arena a la manera de las lineas de Nazca.  Abundan las teorias sobre su origen, no se sabe en realidad que tan viejo es o quien y por que lo hizo.  Se sabe muy poco de la civilizacion Paracas que florecio en esta franja de la costa entre 500 AC y 200 de nuestra era. 

   Una media hora en mar abierto hasta que llegamos a unos islotes abarrotados de vida.  Impresiona el contraste entre la abundancia de vida animal y la ausencia total de vegetacion.  Las islas Ballestas estan habitadas todo el ano por colonias inmensas de lobos marinos, pinguinos y millones (si, millones) de pajaros.  La cantidad de aves explica la capa blanca de nitrogeno asoleado (el excremento de los pajaros) que en lugares llega a tener 50 metros de profundidad.  Ya desde el tiempo de los Incas el guano era reconocido como buen fertilizante, a mediados del siglo XIX llego a convertirse en el primer producto de exportacion del Peru.  Cada tanto, aun hoy en dia con la competencia de los fertilizantes sinteticos, se recoge el guano y se exporta. 

        

 
      De vuelta al hotel nos comimos una muy (muy) buena hamburguesa al borde de la piscina, nos recargamos de vitamina D, paseamos por el muelle del hotel, flojeamos y, justo antes de montarnos en el carro, fuimos a miccionar.  Pisco, Chincha, San Vicente del Canete, Pucusana, todos los mismos pueblos -igual de arrugados- pero ahora en orden inverso.  Llegando a Lima, para desgracia nuestra, tampoco pudimos conseguir la biennombrada panaderia.   Tuvimos que conformarnos con mas historias de Jaimito.


lunes, 22 de noviembre de 2010

Con mi sobrino (y un condor) al pie del Canon del Colca

      Una feliz y extrana casualidad que ese viernes de noviembre hayamos coincidido en un restaurante chino en Lima, quien iba a imaginarselo, Nadav (mi sobrino mayor), Dan Wohlstein (mi amigo desde los cinco anos), Ariel Segal (mi vecino en Caracas, mi veci-hermano) y yo.  Los cuatro, y con nosotros tantos recuerdos de nuestros anos mozos entre arroz mixto especial, pato pekines/limeno, camarones en salsa agridulce y pollo al limon (que pidio Ariel).  Los cuatro, hambrientos y algo nostalgicos, intercambiando viejas anecdotas, como si nuestra mesa estuviera suspendida en el tiempo, sostenida en el aire por nuestras risas y el musculo de nuestra memoria.   Los cuatro, que probablemente nunca habiamos estado juntos, tan cercanos, tan a gusto, tan contentos, en el Dragon Verde de Lima.  Azares del exilio.  
     A la manana siguiente, o mejor dicho esa misma noche, saliamos Nadav y yo hacia Arequipa y de alli al Canon del Colca que con mas de 3100 metros de profundidad es el segundo mas profundo del mundo (el de Cotahuasi, tambien en Peru, es apenas unos 150 metros mas profundo).  Ambos son casi dos veces mas profundos que el (no tan) Gran Canon del Colorado.   Aterrizamos en Arequipa a las 5 de la manana, el Volcan Misti al fondo, y luego de negociar con Richard  Salas (ningun parentesco con Jorge y Guillermo) nos enrumbamos a Chivay tres horas montana adentro.   


    Le pedimos a Richard que manejara lo mas lento posible, sin apuro,  poco a poco por la carretera  que atraviesa la Reserva Nacional Salinas y Aguada Blanca, un paisaje espectacular de picos nevados, vicunas, pocos vecinos,  flamingos y cielos despejados.  Cada tanto un rebano de llamas y alpacas,  algunas lagunas con pajaros sedientos, el horizonte limpio y al fondo -como  colmillos gastados- un punado de montanas nevadas donde los incas enterraban sus sacrificios humanos.  Las historias de Richard fueron haciendose mas creativas a medida que ganabamos altura.  Al comienzo se limitaba a nombrar los pueblos que pasabamos "Ese es Yura, donde hacen el cemento" o " alli hacen La Escocesa, la mejor bebida del Peru", menos de una hora mas tarde las historias se hicieron mas interesantes :"En el Titicaca hay unas ranas que, con las patas estiradas, son del tamano de este carro" o "hay una iglesia que tiene un pasadizo secreto que va de Puno al Cuzco y que esta lleno de Incas, eso lo comprobo un senor que se perdio en el tunel por varios meses".  Nadav y yo seguiamos atentos al paisaje mientras nos imaginabamos las ranas Chevrolet, la de las patas estiradas, y la barba larga larguisima del senor del tunel.  






     Pasamos el pequeno pueblo de Chivay con su plaza y su iglesia y llegamos por un camino de tierra al Colca Lodge http://www.colca-lodge.com/, un bellisimo hotel al fondo del canon en el codo del rio.  Luego de un buen almuerzo, combatiendo las ganas de hacer  siesta, decidimos hacer una caminata maravillosa hasta el pueblo de Ichupampa (nuestro destino era otro pero, algo perdidos, alli llegamos, a la plaza de Ichupampa).   Vacas, ovejas, pajaros, terrazas de todos los verdes hasta donde alcanza la vista, paisajes hermosisimos y muchisimo sol.  En Ichupampa, cerca de la plaza, una senora mayor nos dio lo que creemos fue una bendicion (para el proximo viaje hay que comprar el Rosetta Stone de Quechua) y de alli  de vuelta al hotel a tiempo para un par de masajes bien merecidos.






      A la manana siguiente nos despertamos de nuevo muy temprano para ir a la Cruz del Condor, un mirador a una hora y medio de camino donde una familia de condores andinos tiene el habito de volar cada manana.  Decenas de personas esperan pacientes a que sol caliente el aire y los condores empiecen a planear al borde del acantilado.  Llegamos de primeros  (como a  las 7 de la manana) y nos sentamos al borde del precipicio con nuestras camaras listos para ver al pajaro mas grande del mundo ( el avestruz es mas grande, si, pero no vuela).  Pasaban las horas y solo habiamos visto un colibri  hasta que de repente paso flotando muy cerca de nosotros, de ida y de vuelta, un condor majestuoso con su cara arrugada y verrugosa.  Despues de todo era domingo, por que iba a despertarse tan temprano?  No muy lejos, en una parada que hicimos para comprar agua, vimos el tercer pajaro del dia, un aguila azul domesticada que insisti en colocarme en el hombro.



De alli de vuelta a Chivay, a pasear por el mercado y almorzar antes de tomar el autobus a Arequipa.   "Alpaca, sopa de Alpaca senorito", nos decia muy amable una senora mientras nos mostraba el femur del animal.  Nosotros preferimos comernos una modesta pizza no lejos de la plaza.  Puntuales como siempre nos subimos a un mototaxi y un sol mas tarde estabamos de primeros en el terminal listos para montarnos en el autobus de los frenos quejumbrosos.  Nos  sentamos en nuestros puestos, el 17 y 18, y partimos sin mas demora montana arriba y luego montana abajo cabeceando cansados sonando con las ranas chevrolet y la sopa de Alpaca.
   Arequipa es una ciudad encantadora con un centro colonial muy blanco varias veces reconstruido luego de los terremotos que la sacuden con regularidad.  Fundada en 1540 Arequipa es, pero no se siente asi, la segunda ciudad mas grande del Peru.  Mucho mas pausada, esta toda construida de piedra volcanica blanca que resplandece con el sol.  Nos tomamos una cerveza esa noche en una terraza con vista a la Plaza de Armas y luego comimos un pollo memorable en el Pollo Real a una pocoas cuadras del centro.  La ciudad esta llena de pequenos restaurantes y  casas coloniales muy bien conservadas.  En las calles las paredes llenas de afiches anunciando un concierto de Richard Clayderman en los proximos dias (buen termometro de la carrera de un artista cuando Arequipa es parada obligatoria del tour).  Nos acostamos temprano.
  A la manana siguiente salimos directo al Monasterio de Santa Catalina, un monasterio inmenso (una ciudad dentro de la ciudad). Fundado en 1579 albergo a las hijas de las mejores familias de la ciudad.  Alli llego incluso Flora Tristan como refugiada (hay un capitulo de su libro Peregrinaciones de una paria, tal vez el mejor, que se llama los Conventos de Arequipa y que cuenta las "licencias" que se permitian las monjas del monasterio).  Los pasillos y los claustros estan impecablemente cuidados,  todo adornado de arboles y flores, las calles con nombres de regiones de Espana.  Dos horas despues, apenas el tiempo suficiente para recorrerlo, salimos y fuimos a visitar el museo Santury http://www.ucsm.edu.pe/santury/ una coleccion impresionante que incluye a Juanita, el cuerpo congelado y perfectamente conservado de una adolescente inca sacrificada en el Nevado Ampato.

   
   Nuestro ultimo almuerzo, y sin duda el mejor, fue en Chicha el restaurant de Gaston Acurio en Arequipa.  Chupe de camarones, noquis de camarones, rocoto, choclo y unos cuantos platos mas de comida arequipena.  A las seis de la tarde ese lunes salio nuestro vuelo a Lima, alli, en el aeropuerto, nos despedimos.  Nadav volaba de vuelta a Miami; yo, algo triste,  me quede solo tarareando desafinadamente -sin saber por que- una melodia de Clayderman.  

jueves, 9 de septiembre de 2010

Orhan, Orhan y Orhan

   Hay escritores, muchos, que tienen el acento de las ciudades donde vivieron, que recorren una y mil veces sus vecindarios contandonos historias, que vuelven a hablarnos una y otra vez de sus abuelas y las maneras de hacer el desayuno, de los sonidos de la calle, de los primeros dias de clases y los olores de la infancia. Orhan Pamuk, el primero de los tres Orhan, es Estambul, la Estambul de los anos sesenta donde nacio y crecio, una ciudad aletargada y gris que se recuerda a si misma, que vive la nostalgia de otros Estambules. En el Estambul de Orhan se atisba aun el esplendor otomano, el que hipnotizo a Flaubert y Pieerre Lotti, la silueta de los minaretes en el verano. Hay ciudades, muchas, que tienen el acento de los escritores que vivieron en ellas, ciudades que se convierten en narraciones, ciudades que nos cuesta volver a ver igual despues de haberlas leido. Estambul, al menos para mi, suena a Pamuk; me cuesta caminar al borde del Bosforo o ver las pocas casas de madera que sobreviven -artriticas, osteoporosicas- sin recordar alguno de los recuerdos de Pamuk. Adoptamos de repente la infancia de otro, tomamos prestada su nostalgia y con ella paseamos por la ciudad fingiendo que acabamos de llegar, fingiendo originalidad. Volvi hace poco a Estambul y, como siempre, no pude deshacerme de Orhan.

   Hay fotografos, algunos, que tienen el acento de las ciudades donde vivieron, que la retratan y vuelven a retratarla, que la toman prestada para volver a prestarla. Orhan Cem Cetin, el segundo de los tres Orhan, es Estambul. Hace unos anos paseaba yo, escapado, por una exposicion de fotografia muy pequena en el sotano del Istanbul Modern (www.istanbulmodern.org), una exposicion dedicada al puente de Galata que une el viejo barrio de Sultahnamet con la "nueva" Estambul.  Era un solo cuarto, rectangular y alargado, y al fondo Darbogaz ("Cuello de botella"); una foto gris e inmensa, gris y estupenda, de barcos y luces en el Bosforo. Es una foto de Orhan a quien no me quedo mas remedio que conocer. Desde hace unos anos tengo una ventana al Bosforo en mi apartamento en Nueva York, barcos y luces que flotan pacientes esperando su turno, Darbogaz en Manhattan.  En mis viajes a Estambul tengo ahora la suerte de poder tomar una cerveza con Orhan, el segundo de los tres Orhan, nos sentamos a hablar de esto y de lo otro, de sus proximas exposiciones y de sus hijos, de politica y de comida, del paseo al pintoresco pueblo de Safranbolu que siempre planeamos para mi proxima visita (www.orhancemcetin.com).  Esta vez Orhan nos presento a Murat, un amigo fotografo, con quien visitamos el museo -casualmemte exponia el- y luego almorzamos (un almuerzo memorable en el restaurante de otra amiga suya -Didem se llama ella- con una buena sonrisa y mejor aderezo). Fueron un par de dias maravillosos de verano y Ramadan por las calles y las aguas de Estambul. Esta vez, ademas de los Orhanes de siempre, me acompano el bueno de Ricardo, a quien Paris fue tan amable de prestarme por un par de dias. "Adonde vamos?" preguntaba Ricardo a lo que yo respondia, a la manera pretensiosa de un turista new age: "no es el destino lo que importa sino el recorrido, el journey, el safari (una de las tres palabras en swahili que conozco)". Asi, tomamos un taxi hasta casi Bebek (un taxi que amablemente nos dio el vuelto en billetes falsos), caminamos un rato al borde del Bosforo, nos montamos en un barco que nos llevo a Asia, un taxi en busca de un restaurante bien recomendado, dos cervezas criando el hambre en un estupendo paseo peatonal, historias y recuerdos de antano en Boston y Washington, criada el hambre una cena inolvidable en Ciya Sofrasi (el restaurante bien recomendado que ahora recomiendo yo).  Al dia siguiente la iglesia de Chora con los mosaicos dorados, los cristos y apostoles cuadriculados, las historias de Bizancio que la buena suerte y paredes falsas de madera lograron salvar.  De alli al cafe de Pierre Lotti, otro frances enamorado de Estambul, una vista infinita del Golden Horn y luego un paseo en bote hasta el Bazar de la especies.
    
 Ahmet, el capitan de nuestro barquito (barquitito), nos miraba sonriente al mando de un motor que con un ratoncito de fuerza hacia el ruido de mil caballos. En el Bazar nos aprovisionamos; datiles, almendras, higos, pistachos, aderezos y frutas para seguir escalando ciudad arriba hasta llegar a un viejo Hamam donde los turistas cansados y deseosos de "oriente" dejan sus inhibiciones para entregarse, envueltos en una toalla, a los placeres de los masajes y el calor. Esa noche una buena cena turca, buen vino y un postre espectacular. Mas historias y anecdotas de Boston, la revista de rigor de todos los amigos comunes, la lista de sobrenombres. "Otra botella?" nos hacemos la pregunta retorica "si, por supuesto", nos respondemos, y mas conversa animada entre alcachofas, hojas de parra, kafta y buen yogurt.  El primer dia, sin Ricardo, el museo de arqueologia, maravilloso y caluroso; la estatua de Safo, Marcias angustiado, el sarcofago de Alejandro Magno (que se llama asi pero no es de el), decenas de otros sarcofagos y cenotafios (la muerte como espectaculo) y un cafe con pocos clientes en un patio repleto de columnas y capiteles.
 

Y el tercer Orhan? Si, se me olvidaba,  Orhan se llamaba el chofer del taxi que me llevo -callado y con el estomago vacio- ese domingo de Ramadan desde el aeropuerto

sábado, 31 de julio de 2010

300 tiburones (o mas) a pocos centimetros

Llego Rafael, el biologo, temprano en la manana con su hijo Emilio en un bote que se llama Grampus (el nombre del primer delfin-ballena que Rafael vio cuando se mudo a Yucatan hace 25 anos). Los ultimos reportes eran buenos, se hablaba de un cardumen muy grande de tiburones no muy lejos de Isla Mujeres. Luego de una hora y media de viaje Rafael detuvo el barco y a los pocos segundos vimos a nuestro lado la aleta de un tiburon inmenso, del tamano de nuestro bote, que se paseaba en la superficie con la boca (inmensa) abierta. Boquiabierto el tiburon y boquiabiertos nosotros nos colocamos la mascara y las chapaletas (aletas) para saltar al agua. Cuando nos acercamos al borde para zambullirnos empezamos a ver mas tiburones, 10, 20, 30,"cuantos hay Rafael?", "mas de cien seguro" nos respondio tratando de no exagerar. Saltamos al agua sin imaginar lo espectacular de la experiencia. La temperatura estaba perfecta, pocas olas, y de repente decenas de tiburones nadando lentamente a nuestro lado, rodeandonos como si no existieramos, nadando hacia nosotros y esquivandonos en el ultimo segundo. Son grises e inmensos, miden desde 5 metros los mas pequenos hasta 10 o mas los mas grandes. Van muy cerca de la superficie con la boca abierta aspirando agua repleta de hueva de bonito, un banquete tropical que dura de mayo a septiembre. Nos acercamos a tres centimetros de ellos, nadamos a su lado, nos tocan con sus colas, vemos las remoras que van felices pegadas a la espalda, las branquias, la barriga. Emilio nos acompana de cerca con una camara (muy pronto colocare las fotos y el video que tomo) y Rafael nos ve sonriendo desde el bote: "son probablemente 300" nos grita y luego nos dice "bienvenidos a mi oficina". Y pueden ser facilmente 300 o mas, adonde volteamos vemos aletas y colas, bocas inmensas que van barriendo el agua. Duane, que ha buceado mucho muchisimo por muchos anos, me dice que es tal vez la mejor experiencia marina que ha tenido (este ano Duane ira al Pacifico a nadar con ballenas grises, esa probablemente le gane a esta). Estamos emocionados (hasta hacemos "high five" en un momento), no nos cansamos se seguirlos, de nadar con ellos, tienen unos ojos muy pequenos que nos ven fijamente cuando pasan a nuestro lado. Aunque es el pez mas grande del mundo se sabe muy poco del Tiburon Ballena, apenas hace 15 anos que se comenzo a estudiarlos y en Mexico hace 7. Nos cuenta Rafael que hay dos poblaciones, una en el Pacifico -donde la sopa de aleta de tiburon los tiene amenazados- y otra en el Atlantico. Son peces tropicales y subtropicales aunque se les ha visto ocasionalmente en aguas mas frias. Nadan hasta 7000 millas en un ano. Nunca se ha visto ejemplares de menos de dos metros, se sospecha que viven muy profundo hasta que llegan a los 3 o 4 metros de largo. Solo hay un punado en cautiverio, un par en Atlanta, dos o tres en Japon y algunos en Taiwan (al de Dubai lo soltaron). Esta es la congregacion mas grande del mundo y hoy es uno de los dias que mas tiburones han visto juntos. En el fondo a lo lejos se ven tambien por momentos, como en un concierto, rayas inmensas nadando. "A veces pasan delfines" me dice Emilio, como advirtiendome que todavia se puede poner mejor. Rafael comienza a senalar tiburones que el ya reconoce, algunas veces por heridas en las aletas, " a ese lo veo cada ano desde 2005", "a ese lo hirio un bote", algunos tienen etiquetas que Rafael les ha colocado para hacerles seguimiento por satelite "el numero 803 es uno que marcamos hace poco" me dice contento cuando nos pasa al lado, "el ano pasado encontraron una de nuestras etiquetas entre Brasil y Surafrica" nos cuenta emocionado. Luego de varias horas en el agua subimos al bote sonrientes y cansados. Una hora y media de vuelta al hotel (yo algo mareado). Al llegar, un poco de piscina, un masaje, algo de lectura y una buena cena de pulpo y langostinos al borde del mar escuchando historias de Duane y sus islas. Yo, que soy un islologo enclosetado, lo escucho hipnotizado. "En el 2012 vamos a Uganda" me dice, "a ver un proyecto nuestro en una isla del Lago Victoria y luego a ver gorilas". Yo voy seguro, Duane lo sabe.

jueves, 29 de julio de 2010

Un hombre entre tiburones en Isla Mujeres

Dios tiene maneras inesperadas de manifestarse. Fueron menos de cuatro horas de Newark a Cancun, media hora en taxi, 25 minutos en bote y a la una ya estaba sentado al borde del mar en un magnifico restaurante -de mesas y sillas de plastico y arena en el suelo- comiendo un ceviche espectacular, indeciso entre el mero o el pargo (gano el mero). De fondo una musica de Marimba, Osvaldo y Walter son los dos musicos. Son hermanos, Osvaldo tiene 85 anos y Walter, el chiquito, 82. Tocan maravilloso. Ambos llegaron de Chiapas; "aqui se vive mejor", me dicen al unisono. Se vinieron hace ya 45 anos, el subcomandante Marcos no habia nacido aun. Pido una cerveza, me siento a leer y escuchar musica, el mar azul turquesa. Me traen el pescado y un coco frio. Que mas puedo pedir? Y de repente, aqui viene Dios con sus sorpresas, me toca un nino la espalda, me volteo y como una aparicion veo que me esta ofreciendo (en ingles) un racimo de mamones (mamoncillos, quenepas...una fruta entranable de mi infancia en Venezuela). Le compro dos racimos (estan muy dulces) y, ahora si, a disfrutar del momento.
Estoy en Mexico para nadar tres dias con el "Rhincodon Typus" mejor conocido como Tiburon Ballena. El Tiburon Ballena es el pez mas grande del mundo llegan a medir hasta 12 metros de largo y pesan 20 toneladas o mas (se piensa que viven un promedio de 100 anos, como los marimberos de Chiapas). Normalmente solitarios, en Mexico es el lugar donde se congregan los grupos mas grandes, algunas veces de hasta trescientos tiburones. Vienen a las costas de Yucatan en los meses de junio y julio a comer las huevas de los pargos. A pesar de su tamano, los tiburones ballena son totalmente inofensivos, comen plancton y pequenos organismos. Somos tres en el grupo, Duane - el director de Seacology (una organizacion sin fines de lucro que se dedica a financiar proyectos ambientales en islas alrededor del mundo), Rafael (el cientifico mexicano encargado del programa de proteccion de los tiburones ballena) y yo. Saldremos por tres dias con un bote del gobierno mexicano a nadar con los tiburones y reunir data. Llevan meses sobrevolando el area y siguiendo los cardumenes, hace dos dias vieron 100 pero no hay garantia de que los veremos este fin de semana. Ya veremos si tenemos suerte.
Hoy, mientras esperaba que llegara Duane, alquile una bicicleta y recorri la isla. Es pequena y muy tranquila pero, lamentablemente, ha sido devorada por el "progreso" desordenado. Esta muy construida (y mal construida) con basureros y aguas negras por todos lados (hay afiches electorales en muchas paredes, mi favorito es uno que dice "Agapito, confiamos en ti"). No queda casi ningun tramo de la costa sin hoteles o casas y la playa, la playa norte que es la mejor, esta abarrotada de gente, asfixiada de sombrillas y vendedores. Yo sigo en mi bicicleta sudando el coco y la cerveza mientras me pasan los carros y las motos a toda velocidad (en una moto van tres personas, un senor, su esposa y el hijito amamantando!) Vuelvo al hotel y me voy a nadar al mar. Tengo que ir escondido porque hay un grupo de Houston que conoci en el barco y que insisten en adoptarme. Son muy amigables, quieren que este con ellos, me ofrecen Doritos y tequila, yo muy amablemente les digo que no (ellos, que tienen mi edad, estan en una onda de spring break). Prefiero leer y descansar un poco. Manana temprano viene a buscarnos Rafael. Si hoy consegui mamones sera mucho mas facil encontrar a los tiburones.

martes, 20 de julio de 2010

En Panama cambiando de canal


“A fuckin fun weeken inda playa paseando in Panama”, o algo parecido, seria lo que diria un Bocatoreno para describir mi ultimo fin de semana. El Guari-Guari, el dialecto creole que hablan los habitantes de Bocas del Toro es, como ellos mismos lo explican: “una mezcla de ingles y espanol pero con muchas, muchisimas, vulgaridades”. A nosotros nos tomo por sorpresa cuando lo escuchamos por primera vez camino a Cayo Zapatilla en un pequeno restaurant a orillas del manglar donde nos paramos a ordenar nuestro almuerzo. Pedimos la comida: “preparenos por favor un mixto de mariscos con curry y coco” y de alli fuimos caminando por un puentecito de madera sobre el agua hasta otra casita a alquilar mascaras de buceo (y un par de esquies para Jorge). Fue entonces cuando nos tropezamos con un grupo de amigos que conversaba muy animadamente en Guari-Guari. La costa caribe de Centroamerica estuvo por mucho tiempo mas cerca de las antillas inglesas que de la America espanola (dicen que Arzu, el arquero hondureno del mundial de Espana 82 que rompio en llanto cuando perdieron contra Yugoslavia faltando tres minutos, hablaba mucho mejor ingles que espanol). Desde muy temprano, desde comienzos del siglo XIX y luego de nuevo a comienzos del siglo XX, llegaron a Panama oleadas de trabajadores negros, principalmente de Jamaica y Barbados para trabajar en las plantaciones de banano y en la construccion del Canal. Muchos, los que sobrevivieron, se quedaron a vivir en Bocas del Toro y sus alrededores. El bote de amigos Guari-Guaris se fue, pero por un rato se siguie escuchando a lo lejos, entre risa y risa, el contrapunteo de “fuckin..fuckin”. Nosotros tambien estabamos listos para seguir nuestro paseo. Cesar, nuestro lanchero, a quien bautizamos “Cervecesar” cuando nos pidio que le compraramos dos Corona de desayuno a las 8.30 de la manana, nos dejo en la orilla del cayo Zapatilla. Saltamos al agua, le dimos la vuelta al islote caminando por la playa y comenzamos a nadar. El agua tenia la temperatura perfecta, pocas olas, sol pero no demasiado, desde el agua se veia el centro de la isla muy verde rodeado de una franja de arena limpia y, lo mejor de todo, muy, muy poca gente.
Cervecesar

Cayo Zapatilla







Bocas del Toro es un archipielago a 45 minutos en avion de la ciudad de Panama; “si nos despertamos temprano vamos por el dia” dijimos algo escepticos la noche antes y a las seis de la manana estabamos sentados tomando agua de coco en el aeropuerto esperando que saliera nuestro avion de Air Panama comandado por el capitan Perez, un simpatico piloto argentino. El avion aterriza en Bocas Town, un pueblo “funky” que los mochileros descubrieron hace unos diez anos y donde ahora vive una comunidad de extranjeros que no pudo mas con el clima de Londres, el trafico de Buenos Aires, las dos semanas de vacaciones al ano de los Estados Unidos, el desempleo involuntario o que simplemente no quiere usar zapatos. En Bocas Town siempre es la hora de la siesta. Tomamos un taxi del aeropuerto al embarcadero (nos costo un dolar y no tuvimos que regatear) y alli contratamos al bueno de Cervecesar. El archipielago son cuatro islas grandes (parte de ellas parque nacional) rodeadas de muchos islotes, un laberinto de manglares, y montones de delfines que vienen atraidos por colonias de sabrosas medusas. Pasamos el dia recorriendo playas, visitando hoteles para ver adonde ir la proxima vez, hablando y re-hablando entretenidos de los mismos temas, continuando como si nunca las hubieramos interrumpido las conversaciones que comenzamos en Chicago hace ya 15 anos. Al final del dia tomamos algo en el pueblo mientras esperabamos al capitan Perez y su tripulacion, 45 minutos de vuelo a la ciudad de Panama, justo a tiempo para una buena cena de kibbe, hummus, falafel y kafta en un agradable comedero libanes. En Panama se come bien. El dia antes, apenas llegue, almorzamos en Posta; un restaurante magnifico donde de entrada nos sirvieron queso feta y camarones sobre patacon y de plato principal una corvina divina (valga la rima). Cuando estaba por terminar mi pescado me dijo Jorge: “Preparate porque faltan todavia las dos mejores cosas del restaurante: “el postre y la cuenta”. Y asi fue, el postre de chocolate maravilloso y la cuenta muy solidaria.
Panama se siente como un hibrido entre Dubai y Barranquilla, la ciudad ha cambiado mucho desde que vine la ultima vez en 1998 pero guarda todavia, en el casco viejo y en otros vecindarios, el ritmo de antes. Impresiona mucho ver los nuevos tramos de autopistas, los hoteles, el museo de biodiversidad (en construccion) que Frank Gehry diseno, los edificios altos, los centros comerciales y las luces pero impresiona tambien, por lo menos a mi, lo cerca que esta la ciudad de la naturaleza. A diez minutos del centro de la ciudad hay bosques, verdaderos bosques, con infinitos pajaros, ranas de colores y monos. Hay playas y lagos, islas, bambu y palmeras. Panama no ha perdido, aun, algunos de los rasgos de las pequenas ciudades, en Panama todavia se siente el pulso de la naturaleza, el horario de la lluvia, la menopausia del tropico.
Llega el lunes, Jorge a su oficina y yo a Lima a trabajar. Sentado en el avion asomado a la ventana volando sobre el canal me doy cuenta que tengo muchas ganas de volver, “fuckin ganas de come back" que asi debe decirse, me imagino, en Guari-Guari.


viernes, 16 de julio de 2010

Siete dias al son de las vuvuzelas

Son solo 15 horas de vuelo hasta Johannesburgo y voy contando los minutos desde que despegamos con la mirada fija en la pantallita que muestra por donde va el avion (preguntandome a quien le interesara que la temperatura es menos 57 grados centigrados afuera a 36.000 pies de altura?!) Ya hemos visto tres peliculas en el DVD player que compramos ("La Teta asustada", "Derecho de Familia" y "Cashback"), vuelvo a ver la pantallita de reojo y apenas estamos cruzando el Atlantico todavia muy lejos de la costa de Costa de Marfil. Vamos, Guillermo y yo, camino a Surafrica a ver algo de futbol. En el avion ya se siente el ambiente festivo; las aeromozas vestidas con el uniforme amarillo Bafana Bafana del equipo surafricano, los pasajeros -sobre todos los que si saben de futbol- ansiosos por llegar e ilusionados pensando que sus equipos ganarian (eso cuando el pulpo Paul todavia era un pulpo cualquiera y Espana acababa de perder contra Suiza), el piloto contento dandonos la bienvenida en ingles e impecable Afrikaans. Llegamos temprano en la manana (15 horas de vuelo, 22 horas seguidas sin dormir), el aeropuerto repleto de voluntarios todos con las sonrisas mas sonrientes que hemos visto. Tomamos el nuevo tren rapido a la ciudad para llegar a nuestra cita con Firoz y Nazira, mis dos buenos amigos. Almorzamos juntos una costilla gigante (27 horas sin dormir) y de alli algo apurados al partido Costa de Marfil - Brasil en Soccer City, un nido marron perforado de luces, lleno de fanaticos (casi 88 mil) de buen humor vestidos de colores. "Lo peor para el jet lag es dormir" le advertia yo a Guillermo cuando lo veia cabecear y el me veia, entre sonambulo e insomne, arrullado por un coro de vuvuzelas (29 horas-o mas- sin dormir).
Al dia siguiente, recuperados ya, salimos a explorar Jozi (que ese es el sobrenombre de Johannesburgo). Los taxistas en Surafrica son todos, al menos los que nos tocaron a nosotros, simpatiquiiiiiiiiisimos. Algunos nos hablaban del presidente Zuma y sus apetitos sexuales, otros del equipo de futbol local y de su estrella Torrealba, un venezolano que juega desde hace anos en Surafrica y que, parece, despierta pasiones, otro de su trabajo anterior como policia. Ese dia almorzamos con una buena botella de vino en Assagi, un comedero italiano de esos en los que a uno le provoca abrazar a los mesoneros, la torta de la nonna de postre y de alli a pasear. Esta es mi segunda visita a Johannesburgo en dos meses y cada vez se me hacen mas evidentes las semejanzas con Caracas. No solo las colinas y los arboles, las calles y los centros comerciales sino tambien, y sobre todo, la sensacion de dos ciudades en una; una adinerada y asustada que o emigra o se esconde tras las rejas electrificadas y otra, mucho mas numerosa y apartada, que se asoma cada vez con menos miedo. Dos ciudades que se comportan como siameses que se dan la espalda. Pero mas que las semejanzas, o precisamente por las muchas semejanzas, sobresalen las diferencias entre Venezuela y Surafrica: Mandela, que pudo hacer las paces con el resentimiento -el suyo y el de mas de 30 de millones de personas-, supo reconstruir sin destruir, desarmo el abominable aparataje del apartheid sin tener que desfigurar el pais, fue igual de intransigente en deshacer lo malo como lo fue en preservar lo bueno. Mandela, a diferencia de Chavez, resistio las seducciones y las trampas del poder.
Un juego cada dia: Espana-Honduras, Espana-Chile, Ghana-Alemania, Mexico-Uruguay, saltando de estadio en estadio sin poder decidirnos por cual equipo vamos. Durante el dia explorando Johannesburgo y Pretoria: el museo del Apartheid (bueno, buenisimo), la cerveceria Saab Miller (mala, malisima), la casa de Paul Kruger (eramos los unicos dos visitandola, bueno, nosotros dos y un japones algo perdido), el jardin botanico y dos o tres centros comerciales... Una de las noches decidimos pasarla en Sun City, una suerte de las Vegas dos estrellas a dos horas y media al norte de Johannesburgo. Nuestro hotel, "Las cabanas" se llamaba, era de un mal gusto entretenido. Sun City queda muy cerca de Pilanesberg, una parque nacional de 55 mil hectareas, un antiguo crater donde hoy pasean animales. Hicimos dos safaris, uno de tarde y otro temprano en la manana; montones de springbooks e impalas, elefantes (grandes y chiquitos), rinocerontes (grandes y chiquitos), tres jirafas (una alta y dos medianas), jabalies corriendo con las colas estiradas, un cocodrilo ("de esos he visto mucho decia Guillermo"), y algunos hipopotamos. Yo, como me pasa siempre con los animales, hipnotizado.
El sabado en la noche, nuestra ultima noche, decidimos ver Ghana-USA en un plaza con Firoz, Nazira y muchisima gente mas, todos bailando y vuvuzeleando, todos contentos. El domingo un almuerzo inolvidable de langostinos, codornices y vino en un restaurante portugues y esa noche de vuelta en el avion otra vez viendo la pantallita contando los minutos para la escala en Dakkar. "No duermas Guillermo, no es bueno para el jetlag" le decia yo mientras el cabeceaba.

lunes, 31 de mayo de 2010

Osos al oeste de Chiclayo

Por unos pocos meses cuando era pequeno los cartones de leche mostraban, en la parte de atras, el dibujo y una descripcion de especies de animales venezolanos en peligro de extincion. Frente a mi en las mananas un plato con una de las arepas gigantes que Carmen me preparaba, un vaso de chocolate frio y yo hipnotizado con el carton de leche Carabobo leyendolo mientras desayunaba. Las tortugas arrau, el caiman del orinoco, manaties, y yo queriendo saber mas (la impotencia de la era pre-internet), queriendo verlos de cerca y en vivo (muriendome de ganas de darles un pedacito de mi arepa). De todos los animales que aparecian en la serie habia uno que me interesaba en especial, que por alguna razon -que hasta el dia de hoy desconozco- capturaba mi imaginacion, recuerdo perfectamente el dibujo en blanco y negro de aquel oso Frontino, "el unico oso de suramerica", parado en dos patas viendome a los ojos. A partir de alli siempre le segui el rastro al Tremarctos Ornatus, siempre pendiente de cualquier noticia que apareciera, una aficion intima (poca gente la entendia o la entiende), me emocione cuando descubri que habia una pareja de ellos en el zoologico de Washington y los visite varias veces cuando vivi alla, me escribi con un tal Denis Torres en Venezuela quien se dedicaba a contar y proteger los osos, le segui el rastro a los osos frontinos del zoologico de Punto Fijo, lei y relei la parte del relato de Hiram Bingham de cuando llega a Machu Pichu y se tropieza con tres osos merodeando las ruinas. Por anos atento de reojo hasta que este jueves en Lima paseando por un centro comercial frente a mi hotel me tropece con una foto de un oso inmenso (oso de anteojos le dicen aqui) en un puesto de promocion turistica. Pregunto por el oso, por supuesto, y me cuentan de la reserva ecologica de Chaparri. Resulta que a dos horas de Chiclayo en el norte de Peru hay una reserva forestal, uno de los pocos bosques secos que aun quedan en la zona, donde se encuentra el unico centro de rehabilitacion de osos frontinos y donde ademas hay una de las ultimas poblaciones de osos salvajes. Al dia siguiente llame temprano a la reserva y reserve un cuarto en un pequeno ecolodge que construyeron para hospedar visitantes, compre un buen par de binoculares y un pasaje de avion. Chaparri es un lugar maravilloso. Fundado por las comunidades locales hace unos 10 anos, se ha convertido en un modelo de conservacion ambiental. Con poco mas de 34,000 has, es probablemente el ultimo refugio de bosque seco donde aun vive el oso frontino (se calcula que en toda suramerica quedan no mas de 4,000 osos muy dispersos entre Venezuela, Colombia, Ecuador, Peru y Boliva), Chaparri es ademas un paraiso para las aves con mas de 230 especies residentes muchas de ellas endemicas. La pava aliblanca, por ejemplo, se creyo extinta por casi 100 anos hasta que en los anos 70 se descubrio una poblacion muy pequena en el norte de Peru. Hoy quedan apenas 300 pavas de las cuales mas de 70 viven en Chaparri -y se montan en la mesa a almorzar con uno-. Zorros, pumas, pecaries, venados, condores, infinitos colibries...y un paisaje seco y maravilloso de cactus, flores y algarrobos. La noche del sabado, mi unica noche alli, no habia mas huespedes en el campamento asi que tuve toda la atencion de Lucila -mi guia- y los dos guardaparques. Largas caminatas, larguisimas, en la manana y en la tarde buscando pajaros y siguiendole el rastro a los venados. Me mostraron los animales que han rescatado -la mayoria de ellos fueron mascotas- y que pronto liberaran en el bosque. Hay 8 osos frontinos y un pequeno bebe "Pierre" que nacio hace casi un ano. Me quede hipnotizado de nuevo, como en mis desayunos hace 30 anos, viendo a Pierre y "Cholita", su mama, jugando a medio metro de mi -un tercio de metro, tal vez 15 centimetros-. Pierre y Cholita casi posando mientras yo les tomaba fotos, me quede muy quieto escuchando su respiracion. En la noche Joel, uno de los dos guardaparques, me llevo de paseo a buscar buhos y tarantulas. Joel, doolitle peruano, le hablaba con los buhos: trrrrri trrrrrri y ellos le respondian volando hacia nosotros; y luego puuuu puuuu para que viniera otro distinto de otra especie y al rato escuchabamos de vuelta puuuuuu puuuuu y el buho en una rama a nuestro lado. Tarantulas muy peludas al borde del camino, infinitas estrellas en el cielo, serpientes y todos los ruidos de la noche, ese escandalo que arrulla. Ayer en la manana fuimos muy temprano a ver el "bano de los colibries", un estanque muy cerca del comedor donde montones de colibries ( o colibris) van a socializar, a tomar agua y banarse, a batir las alas como si la gravedad fuera cosa de otros. Algunas horas meciendome en hamaca (he refinado el arte del hamaqueo), leyendo y persiguiendo pajaros con mis binoculares, un buen almuerzo y de vuelta al aeropuerto de Chiclayo para conectar a Nueva York via Lima. Sentado ahora en NY todavia tengo la mente en Chaparri, pienso que tal vez haya sido Cholita la del dibujo en el carton de leche Carabobo, estoy listo para ir de excursion al Orinoco a buscar a ese manati que tambien me miraba.